Pieles delgadas y miraditas al presupuesto

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Ignoro si usted, opulenta lectora, multimillonario lector, tenga idea del espacio que ocupen mil 800 millones de pesos, acomodados en fajos de billetes de 500 o de mil, o de cien, no sé.

 

Pero debe ser un chingo.

 

Pues esa cantidad fue la que “observó” la Auditoría Superior de la Federación en el año 2014. Y eso de “observar” se refiere a la revisión de partidas presupuestales cuyos recursos no fueron debidamente justificados, es decir, cuyo destino se desconoce y sin que hasta el momento de redactar esta nota se conozca su paradero, para redactarlo en el estilo clásico de la nota roja.

 

2014 fue, como bien lo recordará usted, el penúltimo año de la administración padrecista y a fuerza de ser sinceros podría mencionarse que fue la mejor definición del “Año de Hidalgo” (chingue a su madre el que deje algo), si no fuera porque todo ese sexenio fue el de Carranza (porque el de Hidalgo ya no alcanza).

 

El punto es que cuatro años después, a Sonora le auditaron casi siete mil millones de pesos del presupuesto federal, encontrándose prácticamente cero observaciones, con lo que se colocó en el primer lugar entre todos los estados del país con menos recursos observados: unos 250 mil pesos, que equivalen a lo que cualquier funcionario de cuarto nivel se echaba inopinadamente a la bolsa en ese pasado no tan reciente.

 

Y conste: no creo que la actual administración esté integrada por la más depurada selección de Carmelitas Descalzas, pero la frialdad de los números indica que si hay algunos mamíferos artiodáctilos domésticos, resultaron con trompas menos pronunciadas.

 

Ayer, en pleno domingo, el contralor estatal Miguel Ángel Murillo Aispuro y la jefa de la Oficina del Ejecutivo, Natalia Rivera Grijalva ofrecieron una rueda de prensa en la que dieron a conocer la información relativa al primer corte de la Auditoría Superior de la Federación, poniendo énfasis en el hecho de que cada peso que no se desvía, es un recurso que va destinado a atender las necesidades de los sonorenses.

 

II

 

Lo adelantamos aquí desde el jueves de la semana pasada: el comité ciudadano de seguridad pública terminó por “rebotar” la lista de 34 aspirantes a la fiscalía estatal enviada por el Congreso, y dejar en manos de la gobernadora Claudia Pavlovich la responsabilidad de escoger una terna que deberá ser regresada al Congreso para que los diputados decidan finalmente quién ocupará el cargo al que abdicó Rodolfo Montes de Oca.

 

No sé si fue ingenuidad, flojera, lavado de manos o un primer atisbo de colaboración con el Ejecutivo para que éste finalmente seleccione de entre esa lista a quienes considere más idóneos para hacerse cargo de la fiscalía. Lo cierto es que en esta etapa del proceso, los legisladores no tendrán más opción que elegir de entre los tres nombres que envíe la gobernadora.

 

Y cualquiera, con al menos dos dedos de frente, sabrá que la terna estará integrada por las personas que acrediten mejores perfiles, trayectorias y currículums y desde luego, las que tengan mayor afinidad con el proyecto de la gobernadora.

 

Si por alguna razón, los diputados de oposición se llaman sorprendidos y alegan que en la terna aparecen sólo prospectos “carnales” (como suelen aludir) y deciden hacerse a un lado para no completar las dos terceras partes de los votos necesarios para el nombramiento, el siguiente paso es que la gobernadora nombre a un fiscal provisional, que de todos modos saldría de esa misma terna.

 

En resumen, los diputados le pusieron a la gobernadora una recta al centro, para que la saque del campo sin mayores problemas.

 

La rumorología ha barajado algunos nombres, pero el que más se repite es el de Claudia Indira Contreras, una mujer implacable. Me consta.

 

III

 

 

Pues lo que tenía que pasar pasó, y desde el sábado pasado, Karina Gastélum es la nueva presidenta del Colegio de Notarios de Sonora y se lo ganó a pulso, desde el momento que decidió darle carácter de máxima publicidad a un proceso que históricamente fue manejado como una especie de cofradía.

 

Iba a aludir a ella como colega y amiga, porque estudió ciencias de la comunicación en la Universidad del Noroeste y hasta hizo sus pininos en Telemax como conductora, pero le ganó la sangre paterna y decidió cursar la carrera de Derecho, licenciándose en ella y culminando exitosamente un posgrado en administración de negocios.

 

Es la primera vez que el Colegio de Notarios tiene una presidente mujer. Y por supuesto que la felicitamos mucho.

 

IV

 

Bastante delgadita resultó la piel de la cuarta transformación. Tanto, que no aguantó el primer piquetito de Proceso, resumiendo en un encabezado de portada lo dicho por Diego Valadés y lo que piensan muchos, independientemente si forman o no filas con quienes votaron por Andrés Manuel López Obrador.

 

Por lo que leí en la entrevista que Álvaro Delgado hizo al ex procurador, lo único que hace es advertir el riesgo del extremado culto a la personalidad que reedita el exacerbado presidencialismo mexicano, que se fue desgastando hasta el grado de borrar del mapa al “prianismo”, para decirlo en el lenguaje de la cuarta transformación tan difuminada en el regreso a sus orígenes.

 

Los campeones de las redes sociales, que fueron clave en el resultado electoral del pasado uno de julio, produjeron y difundieron un video en el que aparecen toda clase de ciudadanos en actividades cotidianas, pero todos con una máscara de Andrés Manuel. En su afán de ponderar la diversidad, lo que consiguen es un fallido intento por homogenizar la parroquia.

 

Se revolvieron como ostión los pejistas con la portada de Proceso, pero no tanto como con la portada de Hola, y sus 19 páginas dedicadas a la boda de César Yáñez, con la diferencia de que Proceso es la herencia del periodismo de la izquierda, y Hola es la prensa fifí. Aunque en estos días, Proceso es la prensa fifí, y Hola es el escaparate donde la “nueva” clase política se disputa la portada.

 

Este no es un tema menor. La nómina de “servicios personales” en el presupuesto 2019 que validará el congreso federal a propuesta del presidente electo, subirá de 808 mil millones de pesos a un billón 252 mil millones, y los recursos para estados y municipios se verán disminuidos de un billón 252 mil millones, a 703 millones de pesos.

 

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