Sonora: una izquierda chamaqueada

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Alguna voz debe haber en Morena Sonora, que se levante para llamar a la serenidad y la mesura. A no sobre ideologizar su quehacer político y a poner más atención en las pequeñas grandes cosas que los están llevando por un camino de tumbo en tumbo, en el que están perdiendo de todas, todas.

 

Está bien que la victoria del primero de julio haya sido épica. Que marca el principio del fin del maldito sistema corrupto. Que el PRIAN se revuelve entre estertores de muerte (sic) y que mágicamente se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre construyendo la patria nueva.

 

Todo esto está muy bien, pero mientras tanto, la impericia, la inexperiencia, el voluntarismo y la comodidad de apoltronarse en los 30 millones de votos que a la inmensa mayoría de candidatos les cayeron del cielo, tan copiosamente que ellos fueron los primeros sorprendidos, los están llevando a no dar una.

 

Como brillante silogismo, es muy bonito ese que desestima la capacidad de los nuevos gobernantes y legisladores, suponiendo que si no son ni han sido (lo cual está a discusión) parte de la minoría rapaz y la mafia del poder, entonces todo lo harán bien.

 

No. La curva de aprendizaje está resultando bastante empinada. Y costosa para sus expectativas.

 

Veamos el caso del proceso para designar al nuevo fiscal estatal.

 

Por desidia, flojera, incapacidad o vaya usted a saber por qué razón, los diputados decidieron eliminar seis de los 40 aspirantes al cargo. Lo hicieron a partir de un análisis a vuelapluma de la documentación recibida. Y quien no completó los requisitos, salió de la lista.

 

Enseguida, enviaron al Comité Ciudadano de Seguridad Pública esa nutrida lista de 34 aspirantes y hasta donde se sabe, dicho comité hará lo mismo, enviando a la gobernadora los mismos 34 nombres.

 

En los días previos, los diputados, especialmente los de Morena fueron bastante insistentes en que no permitirían el nombramiento de un “fiscal carnal”; de que la persona que ocupara la Fiscalía General del Estado acreditara experiencia, autonomía, conocimiento y demás requisitos que garantizaran un adecuado desempeño en un contexto particularmente complicado en materia de procuración de justicia.

 

Pero como al parecer las prioridades son otras, quizás las de contar, con los ojos desorbitados y la urdimbre de sueños insospechados a la luz de los 240 mil pesos que recibirán mensualmente durante los próximos tres años; quizás los ajustes de cuentas internos en un debate fiero para medir el grado de compromiso con el proyecto de nación de Andrés Manuel López Obrador.

 

El caso es que por la desidia, el valemadrismo, la hueva o la ingenuidad, los diputados de Morena le pusieron en charola de plata a la gobernadora, la elección del fiscal que ella quiera.

 

Así como lo lee, sorprendida lectora, estupefacto lector.

 

¿Por qué?

 

Por una sencilla razón. La gobernadora tiene la facultad de elegir, entre los 34 aspirantes que seguramente le hará llegar el comité ciudadano, una terna que propondrá al Congreso, y eso deberá ser entre el 4 y el 14 de noviembre próximos.

 

Si los diputados se hubieran tomado la molestia de hacer una depuración seria de la lista inicial, seleccionando dos o tres, para una propuesta de cinco o seis, con los perfiles que ellos consideraran idóneos, la gobernadora habría batallado más para integrar la terna y quizás incluir a alguno de ellos (propuestos por Morena).

 

Pero no. La gobernadora tendrá el amplio espectro de 34 aspirantes para elegirá a tres que, si así lo considera, son los que le garantizan la suficiente afinidad y disposición para concluir su sexenio con un fiscal dispuesto a la colaboración institucional y quizás, afín a su partido o a su proyecto de gobierno.

 

La gobernadora enviará esa terna al Congreso, y los diputados habrán de elegir a uno de sus integrantes, con el voto de las dos terceras partes. Se infiere que la terna seleccionada por la gobernadora tendrá obviamente los requisitos de idoneidad que ella considere más adecuados para atender la coyuntura. Se infiere también, que en esa terna no se incluya alguno de los aspirantes que la oposición tuvo la oportunidad de proponer y no lo hizo.

 

Y el punto es que el Congreso tendrá que decidir entre tres que, eventualmente, serían los más afines al gobierno en turno y no a esa nueva mayoría legislativa que no da pie con bola.

 

Y si en un último recurso, los diputados de oposición se reagrupan para impedir la necesaria mayoría calificada, y no alcanzan un acuerdo, entonces la gobernadora elegirá, de entre la terna que ella misma seleccionó, a un fiscal provisional, que de cualquier forma sería quien ella considere más idóneo.

 

Es decir, ya sin apasionamientos ideológicos o políticos, los diputados de oposición, señaladamente los de la coalición que encabeza Morena, perdieron la oportunidad de incidir seriamente en la elección de un fiscal más identificado con ellos.

 

No los chamaquearon, se chamaquearon solos.

 

Esto debe ser un asunto serio para Morena en Sonora, que quizás anden más perdidos en el activismo de la consulta sobre el aeropuerto y sus reverberaciones, mientras se les van de las manos temas más puntuales.

 

Algo parecido les sucedió a los morenistas con la elección de la nueva titular del Instituto Municipal de Cultura y Arte. Concentraron su activismo en apoyar a María Dolores Rodríguez Tepezano, que venía arrastrando el conflicto de interés por su relación con el regidor Armando Moreno Soto.

 

Desplegaron una campaña en redes sociales disputando ese espacio para alguien “de izquierda”, a la luz de esa ingenua creencia de que fue la izquierda la que llevó a Célida López a la alcaldía.

 

Apoyaron denodadamente a la esposa de Armando Moreno, cuando ésta no tenía nada que hacer frente a alguien como Diana Reyes, a todas luces mucho más preparada para el cargo.

 

Y el encuentro con la realidad fue demoledor.

 

En el cabildo, un regidor del PT solicitó el voto secreto, frente a la eventualidad de que el conflicto de interés inhibiera el voto de algunos regidores, considerando el peso que pudiera tener el veterano líder de la izquierda universitaria, a pesar de que éste se había excusado de participar en la votación.

 

18 de 21 regidores aprobaron que la votación fuera secreta. Y en el conteo de votos, 19 votaron a favor de Diana Reyes. Hubo una abstención y el diputado de MC, Carlos León, no asistió a la sesión.

 

Es decir, nadie votó por la opción de izquierda, en un cabildo donde la izquierda tiene mayoría.

 

Si eso no es una llamada de atención para Morena y su vocación para seguir pensando que son oposición y no gobierno; para mantenerse en la línea de la arenga contra la minoría rapaz, la mafia del poder, el PRIAN corrupto y el capitalismo salvaje, entonces no sé que es.

 

O bueno, sí sé. Es la confirmación de que a la hora de ser gobierno, no basta con la arenga plazuelera. Esa idea de que cualquiera que llegue al gobierno o a las cámaras, aun sin experiencia es mejor que priistas y panistas corruptos y saqueadores del país suena bien, pero en los hechos, los inexpertos “izquierdistas” le están sirviendo la mesa a los prianistas que se les colaron inopinadamente y hoy siguen tomando decisiones.

 

Lo que es.

 

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