Se llama fraude

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No robar, no mentir…

¿Por qué el presidente electo, en atención a la enorme esperanza depositada en él a través de las urnas el 1 de julio, no condena el fraude hecho con el fideicomiso Por los Demás, en lugar de defender lo indefendible?

No cambia. Cuando no le dan la razón la emprende contra las instituciones.

Ya pasó la campaña. Su nueva tarea es defender las instituciones, no calumniarlas, insultarlas ni demolerlas.

El monto del fraude con el fideicomiso Por los Demás sí importa, 78.8 millones de pesos, pero lo impactante es que lo hicieron con dinero que supuestamente se recolectaba para los damnificados del terremoto del 19 de septiembre.

Lavaron dinero para comprar votos.

Se trata de un fraude económico, penal, electoral, sí, aunque por encima de esas figuras es un fraude moral.

¿No que las escaleras se barrían de arriba para abajo?

¿No que sería implacable con la corrupción, especialmente de los suyos?

Gracias debería darle al INE, y tendría que aplaudir de pie a los consejeros por sacar a la luz este fraude después de las elecciones y no antes.

Todo es “una vil venganza”, replica AMLO y la emprende de manera personalizada contra consejeros autónomos.

¿Venganza por qué? ¿De qué?

En el fondo lo ayudaron, ¿no entiende? Reventaron la bomba un par de semanas después de las elecciones y no un par de semanas antes, como debió ser.

Lo que hizo Morena fue una operación de lavado de dinero con recursos que se recaudaron en nombre los damnificados por los sismos.

Como lo informó el consejero Ciro Murayama (un intelectual de izquierda, por cierto), los depósitos al fideicomiso fueron realizados en operaciones “con diferencia mínima de segundos” y siempre en fajos de billetes de 50 mil pesos.

Dice Murayama que los videos de las cajas de Banca Afirme (otra vez Banca Afirme y Morena) muestran a “un pequeño grupo de personas que se forman una y otra vez ingresando dinero en efectivo al fideicomiso. Fue una acción concatenada, orquestada, coordinada”.

En el informe del INE se apunta que en la sucursal San Ángel de ese banco, el 28 de diciembre, seis personas hicieron 28 depósitos consecutivos en dos cajeros, hasta ingresar 14 millones de pesos en efectivo en 20 minutos.

¿Y quiénes retiraron el dinero? Los mismos que lo aportaron, dirigentes de Morena, sólo que en cantidades mucho mayores.

León Felipe Vidaurri, de la Secretaría de Organización de Morena, tiene un sueldo de 10 mil pesos mensuales y donó 98 mil pesos. Su esfuerzo se recompensó: retiró en efectivo dos millones 700 mil pesos.

José Manuel Vera Salgado, representante de Morena ante el INE poblano, depositó 120 mil 703 pesos y retiró, en cash, un millón 800 mil.

Rodrigo Abdalá, diputado federal de Morena y próximo coordinador estatal de Programas de Desarrollo (representante del presidente) en Puebla, dio 225 mil pesos y después cobró un cheque de caja por un millón 400 mil pesos.

Un integrante del (así llamado) Comité de Transparencia de Morena, Guillermo Genaro Polanco, retiró dos millones cien mil pesos luego de donar 96 mil.

Dice el consejero Murayama que los 58 aportantes identificados como fideicomitentes, 84 por ciento son legisladores de Morena.

Por instrucciones del Comité Técnico del Fideicomiso, quienes cobraron el dinero, “el 80 por ciento tiene relación directa con Morena: son miembros de órganos directivos, están en su nómina o son militantes o candidatos”, establece el consejero Murayama.

Fue una operación de lavado de dinero. Un fraude en toda la línea.

¿De dónde llegó ese dinero que, en carrusel, los miembros de Morena depositaban en fajos de 50 mil pesos? Nadie sabe, nadie supo.

¿Adónde fue a parar ese dinero que retiraron en cheques de caja y los convirtieron en efectivo los dirigentes de Morena?

Absolutamente nadie de los que retiraron dinero del fideicomiso está en el padrón de damnificados de los sismos.

El INE multó a Morena con 197 millones de pesos por ello. Una bicoca si lo comparamos con los mil 500 millones de pesos que ese partido recibirá de financiamiento público el próximo año.

Todo fue una “vil venganza”, dice nuestro presidente electo.

Hay que recordarle que será el encargado de velar por las instituciones, no su demoledor.

Y que cumpla:

No robar, no mentir…

Primero los pobres…

Las escaleras se barren de arriba hacia abajo…