Los retos de la transición

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Ni tigres ni demonios, ni fraude monumental, ni elección de Estado; ni revuelta social.

 

La votación para presidente de la República fue (como indicaban las encuestas) tan contundente, que mucho antes de comenzar a difundirse los resultados oficiales, José Antonio Meade y Ricardo Anaya salieron a reconocer que las tendencias no les eran favorables, y a levantarle la mano a Andrés Manuel López Obrador.

 

Pero la Ola Peje fue tan espectacular, que los primeros sorprendidos fueron algunos de los candidatos de Morena que del virtual anonimato aparecieron de pronto encabezando las tendencias en distritos y ayuntamientos.

 

Especialmente en Sonora esto ha sido un fenómeno que supera con mucho la llamada Ola Fox en el año 2000.

 

Lo relevante, para quienes pensaban que esto podría concluir en un baño de sangre, considerando la visceralidad que se mantuvo por todo lo alto a lo largo de las campañas, es que la civilidad se impuso.

 

El discurso del virtual presidente (¿Se acuerdan que Fox, en su infinita estupidez, alguna vez protestó porque le anteponían el “virtual” cuando todavía no rendía protesta?) fue rotundamente conciliador.

 

Reconoció a sus adversarios, se comprometió a no presidir una dictadura abierta ni encubierta, a respetar las libertades y toda creencia, filiación o preferencia, incluidas las sexuales; dijo que no habría expropiación ni confiscación de bienes, que habría justicia y paz, que combatiría la corrupción incluso entre los suyos “porque el buen juez por su casa empieza”; que rescataría el dinero que se pierde en la corrupción para fomentar la inversión productiva y otros enunciados que se volvieron cliché durante toda la campaña.

 

Reconoció al presidente Enrique Peña Nieto y le mostró sus respetos porque no lo trató como sus dos antecesores; también a los medios de comunicación y a las “benditas redes sociales” por no ser partícipes, como antaño, de campañas negras, y se comprometió a respetar la libertad de expresión.

 

Un discurso, eminentemente conciliador. De hecho, la palabra reconciliación fue una de las más recurrentes en su mensaje.

 

Vaya, hasta Carlos Salinas de Gortari, el que siempre ha identificado el tabasqueño como “jefe de la mafia del poder” felicitó al Peje y le escribió “Cada uno en su ámbito de responsabilidad habremos de apoyarlo porque si al presidente López Obrador le va bien, a México le irá bien. Bienvenida la reconciliación que permita la unidad de la República. Es por México. Siempre primero México”, puntualizó Salinas de Gortari. (Estoy escribiendo en Word y aquí no me aparecen emojis, sorry).

 

En ese contexto de civilidad es que se explica el mensaje de la gobernadora Claudia Pavlovich, que algo le entiende a eso de ser oposición y ser gobierno, porque le han tocado las dos cosas:

 

“Expreso mi reconocimiento a todos los ciudadanos que votaron responsablemente. En el gobierno de Sonora trabajaremos con el gobierno federal y con el próximo presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, buscando siempre el bienestar de México y de los sonorenses”, escribió en su cuenta de Twitter.

 

En el plano nacional, los resultados preliminares arrojaban resultados contundentes a favor de Morena en Estado de México, Morelos, Ciudad de México, Veracruz, Chiapas y Tabasco; Puebla, Guanajuato y Yucatán serían para el PAN-PRD y Jalisco para Movimiento Ciudadano, donde se estaban disputando las gubernaturas.

 

En Sonora, los resultados siguen sorprendiendo a propios y extraños. Se preveía que Morena crecería exponencialmente, pero no al grado de disputar una alcaldía como la de Hermosillo, donde se requieren más de 100 mil votos para meterse en la pelea.

 

Pues ya está en la pelea, no sólo por la alcaldía, donde los resultados preliminares apuntan a una final de fotografía, sino en los seis distritos locales, donde los candidatos del PAN lucían desdibujados, pero los del PRI dejaron alma, corazón y vida en la talacha cotidiana casa por casa, barrio por barrio, mientras los de Morena, en su mayoría, no le metieron diez pesos a una publicación en Facebook y a estas horas ya son virtuales diputados electos.

 

Al cerrarse el flujo de datos del PREP estatal, los resultados preliminares oficiales apuntan a una catástrofe para el PRI, considerando las expectativas que se tenían, y las tendencias que marcaban las encuestadoras locales, que fallaron estrepitosamente, aunque siempre tendrán el argumento del porcentaje de indecisos que, por lo visto, se fue en masa a votar por Morena.

 

Las tendencias lucen irreversibles en algunos casos y en otros, por lo menos sorprendentes.

 

San Luis Río Colorado, por poner un ejemplo. Más que Hermosillo, San Luis era el emblema de la hegemonía panista, territorio inexpugnable en los últimos 30 años para otros partidos (salvo incursiones esporádicas), y ahora la están perdiendo. No con el PRI, que era su enemigo acérrimo, sino con Morena.

 

En Cajeme, ese bastión del priismo tan fragmentado en esta elección, Morena les pasó el carro completo por encima, y en Hermosillo hay una disputa muy cerrada en los distritos XI y VI en los que compitieron los priistas Pano Salido y Kitty Gutiérrez, y salvo una sorpresa en el conteo de los votos en las últimas actas por escrutar, todo indica que Morena se llevará también el carro completo.

 

La disputa por el Senado se la llevaron Lilly Téllez y Alfonso Durazo, que quizás sólo rinda protesta para incorporarse inmediatamente al gabinete de Andrés Manuel, dejando el cargo a su suplente, Arturo Bours Griffith. Sylvana Beltrones llegará por la vía de la primera minoría, y Antonio Astiazarán y Leticia Cuesta se quedaron en el camino.

 

Morena se llevó también las siete diputaciones federales y las alcaldías más importantes de todo el estado.

 

II

 

Para las cinco de la tarde del domingo pasado, ya se tenían resultados preliminares extraoficiales que hablaban de esa catástrofe para el PRI, aunque muchos se resistían a creerlo.

 

Para el lunes en la mañana, los primeros resultados del PREP así lo confirmaban.

 

¿Qué fue lo que pasó? La mayoría coincide en que la ciudadanía salió a votar, pero no de la manera masiva en que se esperaba. La participación fue de un 56 por ciento del padrón, apenas dos puntos por encima de la votación registrada hace tres años, pero ese es un comportamiento natural, tratándose de elecciones concurrentes (locales y de presidente de la República).

 

El padrón no tuvo variaciones importantes en cuanto a número, por lo que se presume que en realidad, lo que se presentó fue una migración del voto que tradicionalmente favorecía al PAN y al PRI, hacia los candidatos de Morena, aún sin conocerlos, pues muchos de ellos ni siquiera hicieron campaña.

 

Lo que sigue arroja un escenario complicadísimo para el gobierno estatal, que a partir del próximo diciembre tendrá que trabajar con un presidente de la República de un partido distinto; con un congreso federal en el que contará sólo con uno o dos diputados federales y una senadora, pero sobre todo, con un Congreso local de mayoría calificada para Morena y, a lo sumo, cinco diputados plurinominales de su partido.

 

Por si fuera poco, a partir de esa fecha comenzarán también los relevos en todas las delegaciones federales, cuyos cargos más importantes deberán ser cedidos ante los nombramientos que se hagan desde el altiplano.

 

El nuevo escenario exigirá de toda la vocación política y la capacidad negociadora de las autoridades estatales, y de un ejercicio de máxima pulcritud y transparencia, frente al contrapeso real que significará el Congreso del Estado en su nueva composición.

 

El pueblo habló en las urnas y derrumbó mitos sobre la validez de los métodos tradicionales de hacer campaña, sobre encuestas, trabajo de tierra y aire; figuras públicas conocidas; sobre el discurso político y el voto diferenciado. También sobre temas que deberían pasar a la historia, como el acarreo, compra y coacción del voto, violencia electoral y hasta robo de urnas a mano armada.

 

El voto de castigo fue espectacular y en algunos casos, ciego. El riesgo más señalado por analistas políticos es sobre el regreso al régimen de partido casi único que caracterizó los ejercicios de gobierno del PRI todavía en la segunda mitad del siglo pasado.

 

 

Finalmente, y como comentábamos en anteriores despachos, debemos considerarnos afortunados por ser testigos y actores de esta coyuntura, de la que mucho habrá de hablarse en los años por venir. Que sea para bien

 

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