Lo inédito, lo histórico, lo insólito y la Célida

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Miércoles de intensidades, preludio de un jueves de 48 grados y resultados sobre la elección en Hermosillo, decidida a favor de Célida López con 101 mil 914 votos, es decir, 16 mil 337 votos de ventaja sobre el Pato de Lucas.

 

Un resultado que merece un análisis aparte, considerando que la pasada elección el Maloro Acosta tuvo casi 150 mil votos, mientras el candidato de Morena, Jacobo Mendoza apenas rebasó los 5 mil. Este fin de semana haremos la disección de los números oficiales, para fundamentar el análisis de lo ocurrido.

 

El resultado del domingo ha detonado las pasiones y sacado lo mejor y lo peor de algunos de los protagonistas directos e indirectos de esta trama.

 

El proceso de validación de la elección llevó a cabo conforme a los tiempos y los protocolos previstos en la ley. El conteo de actas tenía como límite el viernes pero desde ayer se conoció el resultado de la elección, y los días previos la desesperación hizo presa de los actores de uno y otro bando.

 

Las redes sociales fueron, de nueva cuenta, el campo de batalla para que los cheerleaders de ambos equipos se esmeraran difundiendo fake news, versiones extraoficiales, rumores y desde luego, insultos a fuego graneado.

 

Del lado de Ernesto de Lucas, se intentó posicionar la idea de que había 300 actas que equivocadamente habían sido incluidas en los paquetes electorales. Que no se habían contado y que al comenzar a hacerlo, cerraban la diferencia anticipando un final de fotografía en el que cualquiera podría ganar.

 

Del lado de Célida López, por su parte, enfocaron sus baterías en cuestionar a la autoridad electoral, y desgarrándose las vestiduras aludiendo a un presunto complot para retardar el proceso con quién sabe qué aviesas intenciones, criticaron incluso los tiempos del conteo de actas, poniendo en tela de duda hasta el trabajo de los ciudadanos que se la partieron en la jornada electoral y los días posteriores.

 

El miércoles, desde el equipo de El Pato de Lucas sostenían que la tendencias iban cerrando el marcador, y del equipo de Célida López insistían en que la ventaja era irreversible, manejando datos entre 12 mil y 26 mil votos de diferencia.

 

A esas horas, el candidato del PRI envió un comunicado en el que informaba que sólo emitiría un pronunciamiento definitivo hasta conocer el resultado del cómputo del 100 por ciento de las actas.

 

La candidata de Morena, por su parte, convocó a una rueda de prensa en la que sostuvo que los resultados le favorecían y arremetió contra su contrincante y se llevó de paso a personajes como Roberto Ruibal Astiazarán.

 

Aseguró que no tiene una agenda personal de revanchas, pero adelantó que no habrá impunidad sobre actos de corrupción en la administración del Maloro Acosta y ya asumiéndose como jefa del ejecutivo municipal, giró instrucciones al personal a su cargo para contratar despachos contables internacionales para auditar el gobierno saliente.

 

También para que abrieran una consulta con cámaras empresariales y organizaciones de la sociedad civil, para evaluar y proponer a quienes habrían de ocupar los principales cargos en su gabinete.

 

Si no fuera porque El Túnel del Tiempo es un programa de televisión muy vintage, su discurso parecería enfocado al ajuste de cuentas con un gobierno como aquel del que formó parte entre 2009 y 2015, primero como funcionaria, luego como diputada, validando todo lo ocurrido en el padrecismo.

 

Todo iba bien, hasta que en lo encendido de su discurso, olvidó que no traía una agenda de revanchas personales y amenazó, porque no hay otra manera de definirlo, con guardar todos los tuits y columnas en las que ha sido cuestionada, para ajustar cuentas con periodistas a quienes llamó serviles del gobierno.

 

Y a esas alturas no sé quién fue más visceral, si ella o Martín Holguín, un viejo fotógrafo y comentarista deportivo al que su afinidad panista lo llevó a dirigir editorialmente el imparcial (minúsculas deliberadas desde entonces) en los tiempos en que ese periódico era voz y voto del PAN.

 

El principal activo de este señor es acabar con cuanto medio le han puesto a su alcance. Se chingó el imparcial, se chingó el Expreso, se chingó un periódico que Jorge Morales le compró para las elecciones de 2015 (se llamaba Los Valles) en el sur del estado, donde los panistas perdieron todo esa vez.

 

(Casi tengo la sospecha de que su mejor época en los medios, es porque apareció por fin en El Zancudo jejejeje).

 

Su raíz políticamente heteroflexible hizo escuela y varios de los cheerleaders de Morena presumen, no sin cierta pena, ser sus cuadros, aunque ellos anden por el lado de la izquierda empanizada y el otro por la senda tricolor.

 

El punto es que el señor Holguín pretendió increpar a Célida, pero la señora López, ya sobre el ladrillo del arrasamiento morenista, le sacó la puntita de un expediente para acreditar la vocación de ese viejo periodista hoy metido (inexplicablemente, porque no le atina a nada) a las tareas de “asesor y estratega” de campañas electorales en las que desde luego, exige nómina para su familia.

 

Le fue como en feria y, por la punta del puñal que le sacó Célida, ya en plan de “El Mijis”, le puede ir peor.

 

El señor Holguín no es, como creo haber dejado claro, santo de mi devoción ni ejemplo de nada en el terreno periodístico, pero no puedo coincidir bajo ninguna circunstancia, con las amenazas no tan veladas, que una autoridad electa lanza contra comunicadores que han ejercido la crítica hacia su persona.

 

Reducir esto al comentario facilón y simplista de que en el nuevo gobierno municipal se acabarán los presuntos privilegios para comunicadores críticos a su pasado en las filas del padrecismo, esconde una peligrosa y deliberada intención de ser omisos frente a los abusos de poder, algo que, se supone, inspiró el voto contra el sistema.

 

De hecho, creo que el señor Holguín será el primero en ir a tocar la puerta de Célida López, así como lo hizo con el Maloro en 2015 después de haber trabajado para el padrecismo los seis años anteriores.

 

Coincido con Célida en que el mapa político ha cambiado. En que la realidad despliega un nuevo escenario y por lo mismo, no parece buena idea enviar una señal que indica la reproducción de viejos esquemas en la relación prensa-poder.

 

No se equivoquen. El padrecismo fue campeón en eso de la persecución, hostigamiento y hasta violencia física contra comunicadores no afines, y la generosidad desbordada hacia sus incondicionales.

 

Cuando Elda Molina llegó a la dirección de Comunicación Social inauguró la era de una relación de respeto para todos, incluyendo a aquellos que hasta el conteo del último voto, todavía se cebaban en la hoy gobernadora, atendiendo las órdenes del gobierno saliente y esa relación se mantiene hasta hoy.

 

El mandato de las urnas apunta a una nueva manera de hacer las cosas en todos los terrenos. El propio Andrés Manuel ha enviado señales en el sentido de una reconciliación nacional, y las palabras de Tatiana Clouthier no tienen desperdicio. Las dejaré aquí para que las lean quienes tengan que leerlas, y sobre todo, aplicarlas.

 

“Cuando se gana siempre tiene que tenerse humildad, cuando se quiere reconstruir un país, es un mandato, cuando se quiere reconstruir un país yo te necesito a ti, necesito al otro y el otro me necesita a mí; vamos a caminar juntos para poder llevar este país de la guerra a la paz, requerimos que la paz empiece de una cuestión individual, y eso es cómo te trato a ti, y cómo empiezo a dirigirme a ti, con la palabra ‘construimos’, entonces si yo quiero empezar a construir un mundo de paz alrededor mío, no puedo ser beligerante, inclusive hasta para las bromas hay que bajarle dos rayitas”.

 

Ya con la constancia de mayoría en la mano, la alcaldesa electa moderó su discurso y subió a su cuenta de tuiter un mensaje a su contrincante, Ernesto de Lucas: “Gracias por tu llamada, tu mensaje me hace saber que eres un hombre capaz y solidario, dispuesto a construir siempre en beneficio de su ciudad. A tu equipo, mi reconocimiento y felicitación por su entrega. ¡Gracias!”.

 

Eso alienta la esperanza de que la nueva presidenta municipal atienda las líneas que desde su nuevo partido le mandan tanto Andrés Manuel como Tatiana.

 

II

 

En la victoria y en la derrota se conoce el temple, la contextura moral de las personas. El tsunami pejista en Sonora dejó una estela de caídos, muchos de los cuales dejaron alma, vida y corazón en sus campañas, pero que de muy poco les valió frente al avasallador fenómeno electoral que reconfiguró por completo el mapa político del estado.

 

Algunos aún no se sobreponen del golpe y siguen buscando explicaciones que, una vez encontradas, seguramente servirán para la reflexión sobre lo que hicieron y lo que dejaron de hacer para que el electorado optara por una alternativa distinta, lo que debería indicarnos que los ciudadanos se han reencontrado consigo mismos en el ejercicio libre y democrático de su derecho y obligación al voto.

 

La primera que salió al quite fue Sylvana Beltrones, candidata al senado que llegará como primera minoría, y que en un mensaje difundido desde el martes, se comprometió a trabajar por quienes votaron por ella y por quienes lo hicieron por otra fórmula. Manifestó también su voluntad de contribuir, desde la cámara alta, en la gestión de políticas que se traduzcan en mejoras para los sonorenses.

 

Hizo lo mismo El Pato de Lucas, en un mensaje en el que dejó claro su compromiso de seguir de frente en lo que ha sido su vida adulta: la política y el servicio público. El Pato fue un excelente candidato, el de las mejores y más fundamentadas propuestas, pero como en el resto del estado, la Ola Peje arrasó indiscriminadamente incluso a los mejores perfiles.

 

También el candidato al senado por la coalición PAN-PRD-MC, Antonio Astiazarán hizo público un posicionamiento en el que agradece a sus votantes, recuerda que su campaña fue de propuestas y no de ataques, aunque sí de señalamientos sobre aquello que consideró necesario.

 

La fórmula que integró con Leticia Cuesta, a pesar de quedar en el tercer lugar, presenta números interesantes considerando las circunstancias que ya todos sabemos.

 

Los siete candidatos a las diputaciones federales obtuvieron una votación menor a la de Astiazarán y Cuesta, que además obtuvo 36.48% más votos que los obtenidos por el candidato presidencial Ricardo Anaya y eso es un dato que merece un análisis posterior.

 

Otro que salió a la palestra fue el Pano Salido agradeciendo los apoyos y asegurando que seguirá adelante y deseando que quienes han resultado electos tengan éxito y cumplan a la gente.

 

Del resto de los candidatos vencidos, en su mayoría quizá se encuentran todavía en shock.

 

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