La percepción es parte de la realidad

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Seguramente la suspicaz lectora, el perspicaz lector habrán notado en esta parte final de las campañas presidenciales, una especie de “cargada mediática” para descalificar las encuestas que hasta ahora han sido publicadas y en las que invariablemente aparece como puntero Andrés Manuel López Obrador.

 

El principal argumento de quienes han insistido sobre el tema, es que hay una tasa muy alta de encuestados que rechazan dar su opinión. En algunas, esa tasa llega hasta el 75%, por lo que el universo se reduce a un 25% y bajo ese criterio difícilmente se puede tener un grado de certeza aceptable, especialmente si se considera que ese voto, al que también llaman “oculto”, se ejerza el próximo 1 de julio.

 

Se habla de los resultados de la primera vuelta en Colombia; de la elección presidencial en Estados Unidos y la del referéndum sobre el Brexit en Reino Unido, como ejemplos de que los resultados electorales distan mucho de parecerse a los prospectados por las encuestas.

 

Me queda claro que la intención de abrir la discusión sobre este tema, es generar la percepción de que, frente a una tendencia generalizada en las encuestas a mostrar que la distancia que separa al puntero del segundo y el tercer lugar, es irremontable, nada está decidido aún y cualquier cosa puede suceder.

 

Entre otras cosas, que los llamados al voto útil anti AMLO; los llamados de la cúpula empresarial a votar en contra de la opción que representa, y el efecto del bombardeo mediático que incluye campañas negras y de contraste, las tendencias se cierren en la recta final de las campañas, y el resultado no sea tan abrumador como hoy parece a favor del candidato de Morena y, en determinado momento, que otro candidato se alzara con el triunfo.

 

Personalmente, creo que ese escenario se antoja bastante remoto y, siendo muy malpensados, esta cargada apuntaría más a justificar el intento de un fraude electoral que, como sostienen los especialistas, en las actuales condiciones de extrema vigilancia ciudadana (y partidista); de observación electoral y del fortalecimiento institucional en los órganos a cargo del proceso, es sumamente complicado.

 

No dudo que durante la jornada electoral se pongan en operación viejas y nuevas prácticas que han vuelto legendarios los procesos comiciales en México y que, hay que decirlo, ya no tienen el copyright del PRI, sino que todos los partidos las han asumido como propias, tanto en sus procesos internos como en las elecciones constitucionales.

 

Y como todos se saben las mismas mañas, todos se van a estar cuidando las manos el 1 de julio.

 

Me quedo con la idea de que la descalificación de las encuestas y la proyección de que la elección puede cerrarse, es un intento de generar percepción en ese sentido, que modifique levemente intenciones de voto, o que anime a los indecisos a optar por acudir a las urnas y elegir una opción distinta a la que prevalece como dominante.

 

Si lo consiguen, van de gane, porque la percepción es parte de la realidad. Y así como se ha construido la percepción de que la tendencia es irreversible, generar una en sentido contrario podría incidir finalmente en los resultados.

 

A tres semanas de la elección, hay que prepararse para asistir a cierres ciclónicos en los que todos los candidatos van a dejar el resto y sus equipos seguirán dándose hasta con la cubeta

 

II

 

En el ámbito local, llama la atención lo que declaró ayer el candidato a la alcaldía de Hermosillo, Ernesto de Lucas Hopkins, en el sentido de que Morena se ha estancado en su crecimiento, después de un arranque que sorprendió a propios y extraños, pero más a los propios morenistas que de repente se vieron disputando palmo a palmo todas las posiciones en juego, contra candidatos priistas ya muy probados en las lides electorales.

 

La Ola Peje sin duda fue un factor clave para posicionarlos como parte de la marca, pero es claro que la mayoría de los candidatos de Morena, si estuvieran fuera del paraguas lópezobradorista, estuvieran aspirando a votaciones marginales que tuvieron en ocasiones anteriores.

 

La aseveración de El Pato puede tener lógica en ese sentido. Conforme avanzan las campañas, los candidatos de Morena, salvo excepciones como Lorenia Valles o Martín Matrecitos, que verdaderamente han sudado el calcetín recorriendo sus distritos, el resto parece más apoltronados en esa zona de confort que les brinda la intención del voto a favor de la marca que representan.

 

Haga, el memorioso lector, la olvidadiza lectora, un ejercicio para recordar los nombres de candidatos y candidatas de Morena a los distritos locales o federales, y se dará cuenta que en la mayoría de los casos, fallará en el intento. Y si no conoce los nombres, menos las trayectorias.

 

Claro, habrá quién argumente que en el caso de los candidatos del PRI y el PAN les resultarán más conocidos, pero eso no es garantía de que voten por ellos, aunque es un hecho que en la mayoría de los casos, son personajes que han estado presentes en la vida pública, y algunos muy activos en la gestión social: Pano Salido, Ulises Cristópulos, David Palafox, Flor Ayala, Iris Sánchez, Kitty Gutiérrez y Óscar Cano, entre los más conocidos. Vicente Solís ya fue diputado por la vía plurinominal y su extracción cetemista le puede garantizar votos, pero en las encuestas aparece debajo de Javier Neblina, y eso es mucho decir.

 

Los de Morena le apuestan más al voto antisistema y a favor de la marca Morena-Peje, pero quién sabe si eso les alcance para sumar los votos que necesitan para ganar una elección en la que se requieren decenas de miles de sufragios a su favor, y esos pueden estar en las encuestas, pero a la hora de llevarlos a las urnas se requiere algo más que una intención manifiesta.

 

Se requiere de muchos recursos humanos, materiales y económicos; se requiere organización territorial y estructura de movilización, algo en lo que los tricolores aparecen más cuajados y con mayor experiencia.

 

Si la gente sale a votar por su propio pie, y lo hace en el sentido que lo han manifestado en las encuestas, los priistas podrían estar en verdaderos aprietos y estaríamos asistiendo a una sorpresa de dimensiones no vistas hasta ahora.

 

En la propia candidatura a la alcaldía, las tendencias muestran una competencia entre dos: el Pato de Lucas y Célida López, y aunque el primero mantiene, ventaja, ésta no es para cantar victoria anticipada y, si se descuida, podría ser rebasado por la izquierda que, paradójicamente, en este caso está representada por la derecha. Qué cosas, ¿no?

 

 

III

Pues por rumbos de Cananea nos reportan que el candidato de la coalición Todos por México al senado de la República, Maloro Acosta le dio a Morena una de las que suelen guisar, al conseguir el apoyo de un grupo de sindicalizados del Ayuntamiento, que abiertamente habían manifestado su apoyo a la causa de Andrés Manuel.

 

En ese mismo encuentro, donde estuvo presente el candidato a diputado federal, Humberto Robles Pompa, se sumaron también al apoyo de la fórmula, varios representantes de organizaciones de la sociedad civil.

 

Los trabajadores se sumaron a la campaña de la fórmula que encabeza Sylvana Beltrones, luego de sopesar las diferentes propuestas que les fueron expuestas por el Maloro, a quien se le ha visto muy activo recorriendo todos los municipios del estado, desde el profundo sur sonorense hasta la sierra, el desierto y la frontera norte.

 

Y no es para menos, pues a pesar de que tienen una ventaja de entre seis y diez puntos en las encuestas, ganar la elección en el actual contexto de crecimiento de la Ola Peje los obliga a no confiarse y a seguir, como lo han hecho desde el inicio de la campaña, sudando el calcetín por todo el estado em recorridos de mucho contacto con la gente.

 

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