¿Para cuando la condena a la violencia verbal en la contienda?

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No tengo mayores elementos para suponer que Carlos Munguía Estrella, el ex alcalde de Ónavas, un pequeño pueblo de la sierra sonorense, “levantado” por tres hombres encapuchados y asesinado posteriormente junto con otro individuo (uno más quedó vivo), haya tenido algún tipo de relación con el crimen organizado.

 

El modus operandi, sin embargo, se parece mucho al que suele ser constante en esos casos.

 

Munguía Estrella era esposo de Ana Cecilia Navarro Chávez, la candidata de Morena-PT-PES a la alcaldía de ese municipio sierreño y, como también suele suceder en estos casos, el Partido del Trabajo (que postuló a la esposa) se deslindó de cualquier relación del hoy occiso con ese partido, argumentando que militaba en el PAN. El PAN sostuvo que tampoco militaba en ese instituto político, sino que cuando fue alcalde, lo hizo a propuesta del PANAL, con quien entonces estaba aliado. Falta ver qué dice el PANAL.

 

Ayer, el dirigente del PT en Sonora, Jaime Moreno Berry calificó como un acto de canibalismo político ese crimen y apuntó que al menos 12 planillas en igual número de municipios no pudieron inscribirse en esta contienda, porque algunos de sus candidatos recibieron amenazas.

 

Mas allá de conclusiones adelantadas o sumatorias a la feria de deslindes y/o condenas, el hecho cierto es que Sonora ya se incluyó en la lista de estados donde han caído abatidos más de cien personas con diversos grados de participación en la cosa pública: ya como candidatos, como funcionarios electorales o en ejercicio de gobierno.

 

Apenas la semana pasada comentábamos la urgencia de que las instituciones electorales hicieran por lo menos un exhorto (ya sabemos que son como las llamadas a misa, pero por lo menos queda constancia de que no son ajenos al tema) a los candidatos y candidatas en esta contienda, así como a dirigentes partidistas y demás líderes de opinión, a atemperar el discurso de odio que esporádicamente aparece por allí, al calor de las pasiones políticas.

 

Es muy común, especialmente entre activistas de las causas de género y de las minorías y grupos vulnerables, que levanten enérgicas protestas y condenas a quien utilice expresiones que rayen en la violencia verbal, pues eso, aseguran, normaliza la violencia; le da carta de naturalización al denuesto y la discriminación, y abre la puerta a la violencia física.

 

No pasa lo mismo en el terreno de la política, donde una candidata puede amenazar con partirle la madre a sus adversarios y todo queda en memes y bullying en redes sociales. No sé qué habría pasado si hubiese sido un hombre quien profiriera esa advertencia-amenaza-exabrupto.

 

El punto es que el clima político se encuentra bastante enrarecido, y aunque el clima no jale el gatillo (para citar un clásico de los 90), los discursos de odio y la promoción velada o abierta de la violencia sí va generando condiciones para asumir como normal una mentada de madre o una amenaza.

 

Y si después se registran hechos de violencia física, asesinatos inclusive, pues igual se asume como normal, porque el clima político está enrarecido y si matan a alguien pues por algo ha de ser.

 

Además, el PRI y el PAN han dejado una estela de muertes a lo largo de las últimas décadas, ¿qué de raro tiene que asesinen a uno más?

 

Y esto no es un eufemismo. En mis redes sociales, más de cuatro han revirado con esa premisa cuando se aborda el tema.

 

Ayer leía, no sin sorpresa, una nota de Reforma en la que se da cuenta de un discurso de Andrés Manuel López Obrador, en el que asegura que ya está en pláticas con obispos y pastores, para que eliminen de la lista de pecados, el de aceptar utilitarios, despensas, dinero y demás chácharas que suelen ofrecerse en las campañas políticas (incluidas las de Morena, hay que decirlo).

 

“Estoy hablando con obispos, con pastores para que no sea pecado quitarles todo a esos corruptos. Si están muy necesitados, agarren, agarren, está permitido”, dijo el candidato de Morena, según el diario Reforma.

 

De eso a llamar a perdonar pecados más graves, siempre y cuando se cometan contra la mafia del poder, hay un paso muy pequeño.

 

Parece un buen momento para ese llamado a atemperar ese discurso de odio, que por cierto tiene dos varas, porque si alguien sabe de perdonar pecados a la mafia del poder, es precisamente el tabasqueño.

 

 

II

 

Todo indica que después del debate entre candidatos a la alcaldía, las propuestas de El Pato de Lucas, especialmente en materia de seguridad en las que se ha apoyado en la experiencia de asesores nacionales e internacionales, tuvieron un efecto positivo, en la población en general, pero sobre todo en el sector empresarial, que igualmente es golpeado por este problema.

 

Y eso se refleja en las encuestas, como se conoció ayer al difundirse el ejercicio realizado por Sigma Consulta, donde el candidato de la Coalición Todos por México coloca a Ernesto de Lucas a la cabeza con 34.5% de las preferencias, abriendo la brecha que lo separa de su más cercana competidora, la morenista Célida López Cárdenas, en 13.7 puntos.

 

Y mencionamos al sector empresarial, porque ayer Canacintra, en voz de su presidente Gabriel Zepeda externó su optimismo por los alcances que pudieran tener esta propuesta que incluye la respuesta inmediata con policía de proximidad, la organización territorial, vigilancia aérea y refuerzos en materia de prevención.

 

Y a propósito de prevención, el candidato anunció ayer, en el poblado Miguel Alemán, una de las zonas más golpeadas por las adicciones, la construcción de una clínica gratuita de desintoxicación para atender a personas adictas al cristal, esa droga que está haciendo estragos entre jóvenes y no tan jóvenes, y que aparece en el 90 por ciento de los casos de robos, asaltos y agresiones violentas.

 

III

 

Invertir en salud y en educación es aplicar los recursos públicos en la construcción no sólo del presente, sino del futuro de nuestro estado.

 

En la medida que nuestros niños y jóvenes tengan mejores condiciones para su desarrollo físico e intelectual, podremos afianzar la esperanza de que los cambios que vienen sean para bien.

 

Especialmente en temporada de campañas electorales, todo mundo parece tener idea de cómo abordar esta agenda, pero unos ya se probaron como gobierno y no sólo no pudieron, sino que dieron al traste con lo que durante muchos años se construyó. Otros no han tenido experiencia de gobierno y bordan sobre generalidades y ocurrencias, de buena fe acaso, pero ocurrencias.

 

Porque una cosa es la crítica, la descalificación y la promesa, y otra, muy otra, es administrar los recursos públicos con transparencia y eficacia, especialmente en esos temas de salud y educación, sectores que hace casi tres años fueron encontrados en condiciones precarias.

 

Ayer, y como parte de la continuidad de las tareas de reconstrucción, la gobernadora Claudia Pavlovich arrancó el programa de becas estudiantiles para el presente ciclo escolar, que destinará 48 millones de pesos para apoyar a más de 26 mil estudiantes de primaria y secundaria.

 

Por otro lado, recordó que se están realizando importantes inversiones en obras para el sector salud, especialmente en los centros de salud ubicados en colonias populares. Es importante porque estos centros son el primer nivel de atención, donde se diagnostica y previene, ayudando a que no se saturen los hospitales, de por sí insuficientes.

 

Salud y educación son, junto con seguridad pública, las áreas prioritarias que se siguen atendiendo, independientemente de los vaivenes de los tiempos electorales.

 

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