El compadre de mi compadre, tenía razón

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Hace unos años mi compadre me platicaba de su compadre:

“Dice mi compadre que cualquier rato va a salir de su casa y en la calle habrá un “viene viene” que le dará indicaciones para sacar el carro de su cochera”.

Me acordé de la anécdota porque a 8 o 10 años de distancia, resulta que el compadre de mi compadre tuvo razón por lo menos en mi experiencia. Hace unos días un “viene viene” estaba alertándome sobre el momento adecuado para abandonar la cochera de la cas en la que vivo en una colonia clase media en Hermosillo pero en la que mucho hemos tratado con la indigencia y con personas que por las cercanías a hospitales ronda las calles buscando ayuda. Algunas de estas personas hicieron en su momento, forma de vida el depender de la buena voluntad y la solidaridad de los vecinos.

Todo lo anterior, los fue arraigando a la colonia y cuando menos pensamos las mismas personas pasaban todos los días y luego no respetaban horarios; lo mismo tocaban durante el día que a media noche.

Se escucha o en este caso se lee fuerte, pero en la organización vecinal una de las conclusiones a las que se ha llegado es que es necesario dejar de sostener a estas personas. Es duro y hay ocasiones en que realmente resulta complicado no compartirles algo de lo que tienes, pero ha sido necesario asumir esa postura porque en los hechos hemos comprobado que ayudar de esa forma a mantenerlos, les da arraigo en la colonia.

Y no es un acto inhumano, es solo cuestión de orden y de canalizar apoyos a las instancias correspondientes.

En ese sentido y por experiencia propia, coincido con la visión de la Arq. Angelina Muñoz Fernández, Presidenta Municipal de Hermosillo que en sus declaraciones, que fueron por cierto sacadas de contexto, procuraba darnos ese mensaje.

El problema de la indigencia es multifactorial y no unicamente deriva de la actitud generosa que muchas veces por ayudar en lo inmediato, prolonga la dependencia de las personas y las lleva a estar a expensas de la solidaridad de otros. Y es precisamente esa actitud la que termina por limitar en lugar de impulsar.

Por supuesto, corresponde a la autoridad como tal poner orden en muchos aspectos. Por ejemplo, alguien me hacía ver el tema de los “lava carros de catedral” y me recordaba el intento que tuvo el gobierno municipal que en su momento encabezó Dolores del Río y que precisamente buscando ordenarlos se habló incluso de ponerles uniforme.

Pusimos el grito en el cielo y las criticas le llovieron al por mayor a la alcaldesa. Otra fuera sin duda, la panorámica que tuviesemos ahora en esa parte de la ciudad.

Pasan las horas y no termina por “caerme el 20” ante la ausencia física de Don Feliciano Guirado… los últimos años como integrante del Grupo Compacto de columnistas, me permitian ese encuentro por lo menos una vez a la semana. Aprendí a apreciarlo y a respetarlo; a conocerle y a reconocerle su trato siempre atento, alegre y sin duda, elegante.

Celebraré siempre su vida; guardo de Él un grato recuerdo y me siento afortunada de haber coincidido este tiempo en esto que se llama vida… y así como nos despediamos cada martes al termino de la reunión, hoy  le digo: ¿Coincidimos?