Vidas enredadas

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¿El uso de las redes sociales nos da derecho a destruir la vida privada de las personas?

Práctica cotidiana es ya, compartir un sinfín de información vía Facebook, Twitter, Instagram y Whatsapp , solo por mencionar las redes más populares.

En muchos de los casos, sin analizar detenidamente los contenidos, no reparamos en las razones o circunstancias que pudieran estar detrás de una fotografía convertida en meme, un video, un audio… no nos detenemos a pensar en los sentimientos de las o los protagonistas, de sus familiares y amigos,  sólo compartimos.

En este mundo globalizado, donde el uso del celular pareciera que te da el poder de hacer y deshacer sin ponerte en los zapatos del otro, cada vez mostramos como sociedad lo insensible que somos. Pareciera que disfrutamos del dolor ajeno, pero no debería de ser así. Sí,  queremos que el mundo cambie, la clase política, los tomadores de decisiones, pero nosotros mismos en casa, en nuestro círculo de influencia, no hacemos nada por cambiar.

¿Cómo estamos educando a las nuevas generaciones? ¿Les estamos enseñando sobre principios básicos como el respeto a la dignidad de las personas? ¿Estamos predicando con el ejemplo? ¿Cómo nos estamos comportando en redes sociales? ¿Lo hacemos con ética?

Y ¿Por qué es importante reflexionar en estas preguntas? Porque hoy en día estamos tan inmersos en las redes sociales, que las interacciones humanas se hacen  a través de ellas, luego entonces estamos comportándonos como somos, lo mejor o lo peor de nosotros lo dejamos ahí, en un muro. ¿El nuevo muro de los fusilamientos?

Debemos estar conscientes del poder que tenemos al momento de compartir información, un buen ejercicio sería detenernos a pensar, ¿Qué está sintiendo la persona de quien todos se burlan? ¿Qué tal si fuera yo o un familiar o un conocido? ¿Lo compartiríamos entonces?

Y es que hoy en día vemos que el respeto y la ética son principios tan laxos que incluso los medios de comunicación “tradicionales” donde por definición debiera haber más rigor para publicar, muchas veces comparten contenidos sin el mínimo respeto a la dignidad humana. Pasa un hecho y de inmediato, lo primero que hacemos es grabar y subir sin importar los sentimientos de quien esté ahí.

¿Tenemos derecho a lastimar vidas, por nuestra casi ya automática acción de compartir sin pensar? ¿Ahora la capacidad, el respeto o el prestigio dependen del número de likes?

¿Seguimos coincidiendo? www.SoledadDurazo.com @SoledadDurazo