Mientras cambia la luz…

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Mientras esperaba que cambiara la luz en el semáforo para continuar mi marcha, se acercó un niño que según mis cálculos, no rebasa los 8 años.

Bajé el vidrio para escucharle pedir unas monedas. Le pregunté para qué y me dijo que para comprar algo.

Le pregunté luego porqué pedía dinero y me dijo “no sé”.

Confieso que lamento su situación pero no me siento mal por no haberle dado dinero. Me hizo imaginar cuál será su entorno en el que salir a pedir dinero es quizá un acto por el que simplemente repite patrones que ha observado desde pequeño y lo concibe entonces con la mayor naturalidad del mundo.

Y probablemente estoy haciendo un juicio a la ligera sin el menor rigor que el ejercicio de opinar implica, es decir investigar. Probablemente Usted coincida conmigo al imaginar o sospechar que detrás de esta pequeña criatura que va de carro en carro pidiendo dinero, está la irresponsabilidad de un padre y una madre que lo trajeron al mundo sin asegurar el mínimo bienestar requerido para su desarrollo por lo menos en la infancia… hay otras variables por supuesto que tampoco debemos ignorar como la posibilidad de que sea un niño huérfano y entonces ahí entra la irresponsabilidad de la familia pero también del Estado como entidad jurídica que no asegura el desarrollo para la niñez en situación de calle u orfandad.

Desde todas las trincheras, creo que es necesario reforzar la información de lo que implica traer hijos al mundo; ser padres y madres no debiera derivar en ningún caso, de un descuido o de un impulso. En el mejor de los casos, traer hijos al mundo debiera ser una contribución a la humanidad porque quienes les dan la vida se han preparado en todos los sentidos para concebirlos, amarlos, educarlos y formarlos como ciudadanos de bien.

¿Seguimos coincidiendo?

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FB Soledad Durazo