AMLO, el privilegio de engañar (seguridad III)

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Amnistiar criminales y pactar con ellos es la propuesta de López Obrador en caso de ganar la presidencia. Sabe de lo que habla. Lo practicó cuando fue jefe de Gobierno del Distrito Federal. ¿Resultado? La capital del país se convirtió en la entidad más insegura de México, situación que sus sucesores corrigieron.

Casos hay a raudales para recordar -gracias a Crónica- lo que fue la convivencia de delincuentes con funcionarios del gobierno de López Obrador durante su administración. Todo está publicado, documentado y jamás desmentido.

Como el caso del entonces subdirector de Política y Estadística de la Procuraduría de Justicia de López Obrador, que fue detenido cuando actuaba al frente de una banda de secuestradores y tenía a un hombre cogido por los pelos y encañonado. Ese sujeto tenía acceso al domicilio, edad y teléfono de cualquier persona que presentara una denuncia en la PGJDF.

O el otro, en que un expresidiario del Reclusorio Oriente, que estuvo preso por abusar sexualmente de una mujer en 2001 y que en su historial tenía otras demandas por el mismo delito, una más por abuso de autoridad y otra por amenazas con arma, fue nombrado jefe de la Policía adscrito a la delegación Benito Juárez.

El exconvicto Cayetano Ángel Centeno aparecía en la lista de los comandantes de alto nivel de la Secretaría de Seguridad Pública, con el cargo de director de área y un sueldo de 34 mil pesos mensuales.

José Luis Rangel Díaz, encargado de la Policía Judicial del DF en la coordinación territorial GAM-2, y Francisco Quiroz, excomandante de esa corporación, que fueron detenidos cuando llevaban secuestrada a una mujer dentro de la cajuela de su patrulla.

O el del jefe de la Unidad Departamental de Prevención al Delito en Tláhuac, Raymundo Mayén, que en sus ratos libres y en camioneta oficial, se ponía barba y bigotes postizos para asaltar y violar jovencitas.

Y el caso de la banda de policías robacoches encabezados por el chofer del director de Seguridad Pública en Álvaro Obregón, detenidos cuando quisieron asaltar a cuatro agentes de la AFI.

El perdón a los criminales lo practicó en su gobierno, y los dejó actuar.

Cuando tres agentes encubiertos de la AFI investigaban narcomenudeo en Tláhuac (otra vez Tláhuac, en esa época se gestó la desgracia delictiva que es hoy) fueron retenidos, golpeados toda la tarde y por la noche quemados vivos (dos de ellos murieron ahí) delante de las cámaras de televisión y de un agrupamiento de granaderos que no movió un dedo.

“Con los usos y costumbres del pueblo no hay que meterse”, dijo el entonces jefe de Gobierno y hoy candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador.

De eso se trata la amnistía a delincuentes.

A eso se refiere cuando dice que “el pueblo es sabio”.

La complicidad de autoridades y criminales, la simbiosis de ambos, nos puso en el peor lugar del país en materia de seguridad.

Así va a ser a nivel nacional si gana las elecciones. Ahí están los hechos.

Pero no sólo en seguridad y en corrupción fue un desastre.

También fue falsa su promesa de bajarse el sueldo a la mitad y el de sus colaboradores.

Fue mentira que mejoró la deuda.

Falso, que haya respetado la división de poderes.

Un timo, que haya mejorado la recaudación.

El privilegio de engañar lo ejerció gracias a la arrolladora maquinaria de propaganda y un culto a la personalidad que no conocíamos en México.

Continuamos el lunes.