AMLO, el PES y la Ley de Seguridad Interior

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Las mentiras son la base de la campaña de López Obrador. Y la disposición de los medios a dejarlas pasar como gracejadas pavimentan su camino a Los Pinos.

Ayer Morena selló su alianza con el Partido Encuentro Social (PES), lo que no es malo en sí, pero AMLO había dicho que era tan mala esa opción que prometió que nunca llegaría ese día.

Pues ya está la alianza Morena-PES, a pesar de que López Obrador aseguró en fechas recientes que con ese partido nunca haría una alianza. Van juntos por la presidencia, por gubernaturas, senadurías y diputaciones.

¿Cómo justifica eso López Obrador?

Ayer lo expresó sin sonrojarse: “No hay diferencia de fondo entre lo que yo represento y lo que inspira Encuentro Social”.

Sus seguidores se tragarán la mentira. Porque en alguno de los dos lados mintió. Además, esos seguidores muy pronto van a aplaudir al PES, convertido en aliado bueno.

Veremos a Jesusa Rodríguez y a Elena Poniatowska en los mítines Morena-PES.

“Si el pueblo se hinca, yo me hinco”, dijo el fin de semana para expresar que no hay contradicción entre su juarismo y su guadalupanismo. Dijo seguir la postura del Nigromante (el periodista liberal Ignacio Ramírez), pero olvidó la frase suya que inmortalizó Rivera en un mural (borrada después): “Dios no existe”.

Lo que diga el pueblo. Eso es.

Como en Tláhuac, donde dejó morir a dos policías federales, quemados vivos por la muchedumbre, pues “con los usos y costumbres del pueblo no hay que meterse”.

Populismo puro.

La otra perla del fin de semana fue su respaldo implícito a la Ley de Seguridad Interior.

Qué bueno que lo haga, al decir que “no hay que estar temiendo a la llamada Ley de Seguridad Interior… En la Constitución, y eso no se ha modificado, el presidente de la República es al mismo tiempo el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, y yo voy a ejercer esa función”.

O sea, esa ley es buena porque el mando del Ejército, la Marina y la Policía lo va a ejercer él. Purificada entonces la Ley de Seguridad Interior.

Así es que no es un tema de derechos humanos ni de la imposición de “una dictadura” contra la cual hay que unirse, como pide su asesor John Ackerman en La Jornada de ayer, en una afiebrada diatriba.

Ackerman, por cierto, es esposo de Irma Eréndira Sandoval, que será secretaria de la Función Pública si gana López Obrador. ¿Qué pensará la señora Sandoval? ¿Que esa ley es inocua porque AMLO la purifica? ¿O que es golpista, ideada “por los altos mandos de las Fuerzas Armadas y el mismo gobierno de Trump”, como escribió su esposo?

¿Hay pleito en casa de la familia Ackerman-Sandoval? Claro que no. Lo que diga AMLO está bien.

Los seguidores de López le creyeron cuando decía una y otra vez que sacaría al Ejército de las tareas de seguridad pública. Y le aplaudieron a rabiar. Ahora dice que las Fuerzas Armadas van a continuar en esas tareas, dirigidas por él. Y le vuelven a aplaudir.

¿No les da vergüenza? ¿Ni tantita pena ser manipulados de forma grotesca por un populista?

Dijo el domingo que no delegará la tarea del combate a la inseguridad. Que todos los días, a las seis de la mañana, sostendrá reuniones con los secretarios de la Defensa, Marina y el procurador general de la República.

¿Entonces? ¿No que iba a retirar el Ejército y a la Marina de las tareas de seguridad?

Una mentira tras otra, sin consecuencias. Tiene a importantes medios de comunicación de su lado que le ocultan sus contradicciones. Esas fueron las mentiras únicamente del pasado fin de semana.

Cree que es lo que Donald Trump decía de sí mismo: puedo disparar a alguien en la Quinta Avenida y no pierdo un solo voto.

Ojo, mientras haya personas que sepan leer y escuchar sin fanatismos, no ha ganado.

Twitter: @PabloHiriart