Política: Incongruencia y soberbia van de la mano

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AHORA QUE la dirigencia del Partido Acción Nacional en Sonora dio a conocer su postura respecto a la decisión de la diputada Célida López Cárdenas de unirse al proyecto de Andrés Manuel López Obrador, es una espléndida ocasión para hacer algunas reflexiones sobre la soberbia incrustada en el corazón de muchos políticos en México.

Habría que poner en la mesa del debate, temas tales como la convicción personal, la congruencia, la ética, el amor al partido, el amor al país, la defensa de la ideología, entre otras.

Célida se fue del PAN –ha dicho- porque en su partido le dieron un trato no digno para una mujer “que ha entregado y sacrificado parte de su vida” a favor de su institución política, lo que hizo que “su actual dueño” en Sonora, Damián Zepeda, la desdeñara como abierta aspirante a una candidatura al Senado en los próximos comicios.

Fue el propio López Obrador quien presentó a esta legisladora como su nueva aliada. Le “perdonó sus pecados” y, por toda respuesta, la dirigencia local panista advirtió que esa acción era una prueba contundente de que la renuncia de Célida al PAN “había sido motivada por la ambición de una candidatura en la que nada tenía qué ver la ideología y los valores partidistas”.

Bueno. Se presta a un buen debate.

Por lo pronto, habría que poner en la mesa, la presencia de la soberbia y la incongruencia de muchos políticos mexicanos que se atreven a dejar el barco en el que han navegado gran parte de su vida, les dio oportunidad de “conocer el mundo” y hacer una carrera en el servicio público y consideran, llegó el momento de vencer al mundo, “porque el mundo de la política los necesita”.

Así tenemos ejemplos como el de López Obrador. Cuando el PRI no lo hizo candidato al gobierno de Tabasco, dejó al partido y se convirtió en su enemigo. Así fue con Ricardo Monreal, el mismo que hoy casi dejaba a AMLO porque éste no le dio la candidatura a la jefatura de gobierno de la ciudad de México, pero que al parecer, ha “llegado a algún acuerdo interesante”.

Así fue con Manuel Camacho Solís, agraviado con Carlos Salinas de Gortari porque éste prefirió a Luis Donaldo Colosiopara hacerlo candidato del PRI a la Presidencia a fines de 1993. En este caso, la soberbia de Camacho colaboró en la generación de un clima enrarecido alrededor del entonces candidato, que terminó en su asesinato.

Así sucedió con Elba Esther Gordillo, que agraviada con Roberto Madrazo creó otro partido político y se alió con los enemigos del PRI para vencer a su candidato a la Presidencia en el año 2006.

Ejemplo viviente ahora, Margarita Zavala de Calderón. Está segura del desprecio que siente por ella el actual dirigente, Ricardo Anaya y decide renunciar a su militancia de tres décadas y, de paso, abrir un tremendo boquete en la organización con las siglas que hicieron que su esposo fuese Presidente de México.

Así sucedió con Rafael Moreno Valle, quien desdeñó al PRI porque no lo hizo candidato al gobierno de Puebla y que, cuando finalmente llegó a ese cargo, invitó a colaborar con él en la secretaría de gobierno a otro agraviado con el PRI que con esas siglas había sido Gobernador de Oaxaca –Diódoro Carrasco-, pero cobijado ahora por el PAN.

Así ocurrió en Sonora con María Dolores del Río, quien sufrió el engaño por partida doble porque Guillermo Padrés y Alejandro López Caballero pensaron inicialmente en ella para hacerla candidata panista a la alcaldía de Hermosillo en el año 2015 y terminaron haciéndola a un lado para nominar a Damián Zepeda. Dolores renunció al PAN y hoy es coordinadora estatal del Movimiento Ciudadano.

Así sucedió en el PRI con Roberto Sánchez Cerezo. Renunció al PRI para ser el número 1 en el Partido del Trabajo y hasta fue el representante de este partido en el Consejo Estatal Electoral. Después, “corrigió el camino”, lo perdonaron y volvió al carril. Ha sido un “caso especial”.

Así está ocurriendo ahora con Samuel Moreno Terán. Ha dicho que “no me quieren en el PRI” y ha anunciado la búsqueda de una candidatura independiente a la alcaldía de Hermosillo.

Así ha sucedido con David Figueroa Ortega. Montado en la ola de Margarita Zavala y sabedor de que no será favorecido por la actual dirigencia del PAN, decidió dejar a su partido e irse por la libre.

Desde luego, existen muchísimos ejemplos más de políticos mexicanos que desdeñados por quienes hoy mandan en sus respectivas organizaciones, deciden irse porque están convencidos de su valía y buscan otro camino y otras siglas para alcanzar sus propósitos de poder.

Claro, habrá qué decir que si todos esos políticos hubiesen sido favorecidos por quienes mandan, habrían sido los primeros en criticar a quienes abandonan el barco que les dio oportunidad de “conocer el mundo”.

Usted, estimado lector, tiene la mejor opinión sobre el tema. Por lo pronto, esta reflexión abona al enorme desprecio que tiene Juan Pueblo por sus políticos.

Y todavía algunos de ellos piensan que su incongruencia y su soberbia, se pueden ocultar.