Lo más seguro; lo más probable.

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No deja de sorprendernos, y que bueno que así sea, hechos de violencia en los que participan menores.

Digo que qué bueno que no dejen de sorprendernos porque perder la capacidad de asombro es asimilar como parte de la normalidad, los hechos que salen de un comportamiento normal.

El pasado domingo conocimos de la detención de dos menores de 14 y 16 años, detenidos como probables responsables del asesinato de un joven de Durango ocurrido en esta capital a plena luz del día.

Nunca estará de más buscar respuestas a la pregunta  sobre qué es lo que hemos hecho o dejado de hacer como sociedad, para llegar a este  nivel de degradación social en que la vida se quita del camino cuando en la meta está el robo de un celular, de una cámara _como fue el caso_ para poseerlos quizá pero lo más seguro, para venderlos y lo más probable es que en esa venta se busquen recursos para drogarse y lo más seguro es que esa droga sea cristal, ese monstruo horrible para el que pareciera no hay poder humano que logre combatirlo… estamos a tal grado de desesperación que ya casi lo que imploramos es una espada con su Rey Arturo al lado…

Sin duda son momentos para voltear a la familia, a los amigos, a la fé, a la comunidad, como puentes que nos conduzcan al reencuentro de los valores para procurar una convivencia más armónica.

Los recientes hechos también obligan principalmente a autoridades y especialistas en la materia, a asomarse a lo que contempla la Ley nacional del sistema integral de justicia  para adolescentes.

Pero volviendo al tema de la familia y de la convivencia de adultos con jóvenes y adolescentes, me recuerda _lo que bajo mi punto de vista_ el certero mensaje que busca posicionar la campaña que desde hace unos meses difunde la Dirección de Alcoholes en la entidad. Con un lenguaje que difícilmente puede ser más claro, la solicitud o advertencia, es que no hagamos “el paro” como adultos a los menores que quieren acelerar el tiempo y ganarle el paso a los días para ya tener la experiencia con las bebidas alcohólicas que son la puerta de acceso a otras experiencias perjudiciales para la salud y el desarrollo de los jóvenes.

Por cierto y a propósito de la Dirección de alcoholes, le sugiero no perder de vista a su titular Zaira Fernández. Estos días su nombre ha resaltado pero fuerte en las mediciones que se hacen para la toma de decisiones que tiene como finalidad colocar los nombres más competentes en las boletas electorales.

Concretamente en el distrito X con cabecera en esta ciudad capital, Zaira Fernández sale en primer lugar en el “ID”. Claro, su participación en la administración pública es de tiempo atrás. Insisto, no la pierda de vista.

Retomo el tema de origen. La drogadicción como uno de los elementos que han contribuido de manera determinante a la degradación social en la que nos encontramos. Mucho se ha discutido de la nueva legislación que se aplica para sancionar la operación de casas de empeño, yunques y recicladoras. Pareciera que hay una resistencia a veces difícil de comprender, para la aplicación de medidas que tienen como finalidad precisamente evitar la venta y compra de artículos robados; que busca cortar la cadena  o el circulo vicioso que se hace entre quien roba y quien compra quizá de buena fé pero  sin comprobar la legal procedencia de los artículos ofertados.

La autoridad tiene que ser muy firme para que esta nueva forma de comprar y vender en esos sitios, responda al espíritu que inspiró la ley en la materia.

¿seguimos coincidiendo? www.SoledadDurazo.com @SoledadDurazo