“… Y cuando desperté, el dinosaurio seguía ahí”.

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VALE LA pena recordar el relato más corto de la literatura latina (Monterroso, 1959) para contextualizar en esta parte final de la segunda década del siglo XXI, el empeño natural de los propietarios de los partidos políticos en México de utilizar el “dedazo” para perpetuarse en el poder o bien, tratar de llegar a él.

¿Alguien tiene alguna duda de que el nuevo partido político, MORENA, es propiedad de Andrés Manuel López Obrador?

Nadie. Todos lo sabemos, como también estamos seguros de que López Obrador será el candidato de ese partido a la Presidencia de la República.

¿Alguien cree todavía que dentro del Partido Acción Nacional se practica la democracia, químicamente pura?

Desde luego que nadie lo cree. Es cuestión de escuchar una sola declaración de Margarita Zavala de Calderón, para convencerse que el actual dirigente nacional del PAN –Ricardo Anaya– ha llevado a ese instituto político a la división, inspirado en hacer valer sus propias decisiones por encima de otros distinguidos militantes.

Pero el “clásico”, como siempre, es el PRI. Partido de donde surgieron los líderes de otros partidos opositores al PRI, con la única excepción del PAN.

Y no podía falla en esta hora en que la “partidocracia mexicana” ha llegado a la conclusión de que el escenario que vive nuestro país en el mundo, no se puede dar el lujo de tolerar alguna división. De ahí sus decisiones intolerantes y unitarias.

El pasado fin de semana, el Consejo Político Nacional del Partido Revolucionario Institucional sesionó de manera especial para definir el método para elegir a sus candidatos a la presidencia de la república, senadores y diputados. ¿Abrirse a la militancia?, impensable; ¿Abrirse a la sociedad? Imposible.

Y lo que tenía qué suceder, sucedió. De manera “unánime”, todos los consejeros dieron el “Sí” por el método de asamblea a través de delegados para la elección de sus candidatos.

Palabras más, palabras menos, la ratificación del “dedazo” en su más pura expresión.

Es muy probable que el actual propietario del PRI, el Presidente Enrique Peña Nieto, haya consumado de esa manera los protocolos formales para hacer candidato a un perfil que sin ser militante priísta, pudiera ser el elegido. Se trata de José Antonio Meade, un ilustre mexicano del que hablan maravillas tanto priístas como panistas del ala simpatizante de Felipe Calderón.

Meade ha tenido la virtud de ser secretario de Estado en cinco distintos momentos y con los presidentes Calderón y Peña Nieto. Su posible futura presencia en Los Pinos dejaría pleno testimonio histórico y, de paso, daría toda la razón a quienes han asegurado que en el México de los últimos 30 años, ha trabajado en realidad de manera conjunta un “PRI-AN”, es decir, una relación política oculta entre Acción Nacional y el PRI.

Nadie lo duda a estas alturas, sobre todo los integrantes del llamado “círculo rojo”, la clase política, pues.

El accidentado y confrontado inicio sexenal de Carlos Salinas de Gortari, en 1988, tuvo su gran apoyo moral y político en la dirigencia panista encabezada entonces por Carlos Castillo y Diego Fernández de Ceballos.

En el año 2000, el entonces presidente Ernesto Zedillo clavó un puñal por la espalda al candidato presidencial, Francisco Labastida Ochoa y, en un acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos, no sólo impulsó la llegada triunfal de Vicente Fox Quezada, sino que se dio el lujo de anunciarlo un par de horas antes que el Instituto Federal Electoral.

En el año 2006, el liderazgo priísta de Manlio Fabio Beltrones en el Congreso de la Unión permitió que Felipe Calderón rindiera protesta como nuevo Presidente de México, una actitud además, muy conveniente para Beltrones quien se convirtió en un hombre superpoderoso en nuestro país.

En el año 2012, el Presidente Calderón dejó en el abandono a su candidata presidencial, Josefina Vázquez Mota, para otorgar todo su apoyo a Enrique Peña Nieto, el candidato presidencial del PRI, para su llegada a Los Pinos. Inclusive, fue un único punto donde coincidieron Calderón y Vicente Fox.

La cena pues, para este 2018, está a punto de servirse para hacer que una alianza política PRI-PAN (el flanco simpatizante de Calderón) derroten a López Obrador y México y los mexicanos continuemos bajo el mismo sistema político de los últimos 30 años.

Se hablará de la modernidad del país y de que debemos prepararnos para encarar los retos del siglo XXI.

Sí. Habrá un cambio, pero con las mismas reglas del pasado. Para que todo siga igual.

Los pobres a su pobreza y los ricos a su riqueza.

Por ello, como escribió el hondureño-guatemalteco Monterroso: “… Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”.

 

POCOS FUERON los sonorenses elegidos para asistir a la boda del representante de la oficina del Gobierno de Sonora en la ciudad de México, Rodrigo Tena… Entre ellos, la Gobernadora Claudia Pavlovich… Por cierto, este joven contrajo nupcias con una hija de Josefina Vázquez Mota… Habría que hacer esa precisión y no repetir el “lapsus” de equivocar el nombre de la suegra… El enlace fue este fin de semana.