Los límites del sistema de partidos

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Hemos escuchado tantos insultos, y durante tanto tiempo, a los partidos, a los representantes populares que ya es un triste lugar común. Esa costumbre parece contener la irritación por el estado en que se encuentra el país, la sociedad. Pero mirándolo mejor, el estado en que se encuentra nuestro país es debido a una gran estructura de excesos. Y digo estructura porque son continuos, persistentes. Y esos excesos no sólo los hacen los diputados, por representar la imagen de todos los representantes populares, sino los empresarios fundamentalmente, y me refiero a los corruptos que no son todos, los actores políticos que están tras bambalinas, no son visibles y que se encargan del flujo de la toma de decisiones que percute en todo el sistema.
Seamos democráticos con las culpas, las tenemos todos. Los “diputados” son en nuestro país, la mayoría transmisores de decisiones de otras instancias. Y esto lo refiero a que nuestro enojo concentrado en los partidos, que de ahí son los diputados, se traslada también al sistema de partidos. Si lo pensamos bien, el sistema de partidos es lo que rige a la mayoría de sistemas políticos del mundo. En muchos países es más eficiente, menos corrupto, más democrático y con mayores cadenas de transmisión de la participación ciudadana. La sociedad es mucho más organizada y genera saludables presiones a la estructura de toma de decisiones y los diputados están más controlados, ganan menos dinero y tienen siempre su puesto a disposición. Aquí no funciona así y es principalmente por la calidad baja de nuestro activismo político. Cierto, tenemos una proporción de culpas.
Pensemos que por una decisión súbita quitamos el sistema de partidos. ¿Cómo nos organizamos? Le decimos al ejército que tome el poder y sean ellos los que administren los gobiernos? ¿O que los empresarios formen juntas gubernamentales para gobernarnos con una visión eminentemente de negocios? Porque eso son los empresarios, negociantes. O formamos un consejo ciudadano que se dedique a gobernar? O que los trabajadores controlen la administración pública? O que sea la ley del más fuerte? Todo ello es discutible pero hasta ahora no hay mejor forma de gobierno que el sistema de partidos y tenemos el argumento: hay países donde funciona, funciona la transparencia, se despiden presidentes, se encierran empresarios corruptos, se cierran empresas nocivas y que no consideran el medio ambiente, se echan para atrás leyes, decretos, programas y se rinden cuentas incesantemente; los ciudadanos están ahí, atentos a todas horas, organizados y suspicaces. Hay sindicatos reales que pugnan por la salud de sus agremiados y no son meros engranes para sostener un sistema corrupto.
Es cierto que todos estamos cercando a los partidos, al sistema mismo y no proponemos otro sistema. Pero tampoco hemos logrado mejorarlo. Nuestra irritación está desorganizada. Y se puede organizar, moderar estrictamente a los partidos, romper su blindaje nocivo, moderar a los empresarios abusivos, someter a los invisibles políticos de alto nivel invisibles a un estado de Justicia. Acercar el estado de derecho a la Justicia. Es tarea de ciudadanía, es lo que no hemos hecho. Lo que pocos hacen. Se necesita un estrato masivo de ciudadanos para hacerlo para pasar de la queja al orden. A la orden de la democracia que aún no se conoce verdaderamente en nuestra cultura.
” Los partidos y el sistema el vehículo de la subvención del pueblo ” Octavio Almada
@octavioalmada1