El nuevo huevo de la serpiente

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Alguna vez vi fotos de los comienzos de campaña de Hitler, de Moussolini, de Iddi Amin Dada y me preguntaba porqué no fue posible darse cuenta de lo que estas personas iban a provocar una vez asumido su poder. Y no quiero referirme a ellos sino a las condiciones culturales de cómo fueron emergiendo y cómo los pueblos, excitados por sus poderes discursivos, tocando temas de odio, votaron por ellos esperando encontrar un futuro inmejorable. ¿Cómo es que la conciencia del pueblo, o su inconsciencia, pueden impulsar una conflagración de tintes catastróficos que, incluso, convocan a guerreas mundiales y llevan al hundimiento a los propios pueblos que los llevaron al poder. ¿Cómo se podría llamar esa enfermedad social?

Pues ahora tenemos en puerta la gestación de un conflicto mayúsculo, sí en puerta, en la frontera norte, arribita de mi casa. Donald Trump está gestando ya, desde su campaña, el nuevo huevo de la serpiente. Se dice así cuando es el tiempo de incubación de un negro tiempo histórico. Esa incubación es social, recoge adversidades latentes, racismos, discriminaciones históricas de enormes grupos sociales que conviven desde hace décadas en un ambiente de tensión mayúsculo apenas gobernado.

Pues Trump lo está logrando, está animando a un conflicto que después no podrá gobernar. Ya muchas voces, incluso de su propio partido están haciendo esfuerzos inéditos por parar su candidatura a la Presidencia de los Estados Unidos. Y sus ofrecimientos son una tentación para las mentalidades de derecha extrema como proponer una reforma migratoria con las siguientes pautas: Crear un muro en la frontera sur del país con México ya que, a decir de Trump “México ha aprovechado a los inmigrantes ilegales para exportar crimen y pobreza, algo que ha supuesto un gran gasto a los Estados Unidos”. Por ello, “la construcción del muro debe pagarla México”; Incautar las remesas de los salarios de inmigrantes ilegales y aumentar las tasas de las visas temporales y de los aranceles de los puertos de entrada a Estados Unidos; Triplicar el número de agentes en las frontera; Deportar a los criminales de otros países que delinquen en el país; Eliminar la ciudadanía por nacimiento que supone “un imán para la inmigración ilegal”; Castigar penalmente a las personas que se quedan en Estados Unidos sin visa; Expulsar a los inmigrantes ilegales asentados en el país; Aumentar las normas para aceptar a refugiados y, por supuesto, defender el derecho a portar armas y poder elegir además de controlar el correcto cumplimiento de la verificación de antecedentes legales y médicos a la hora de adquirirlas.. Todo ello es un manjar social para las cabezas aristocráticas blancas que han concentrado su odio hacia lo latino, lo mexicano.

Ya vimos hace horas una muestra de lo que sucederá: un acto de campaña en Chicago se convierte en una negra postal que anuncia lo que viene, la polarización violenta. Apelamos a que el pueblo estadounidense logre conjurar los hechizos de este mago de la violencia verbal, porque están ya sentados sobre el enorme huevo de la serpiente. Están a tiempo.
“Los únicos muros que se deben de construir son a la virtud ” Octavio Almada
@octavioalmada1