Sonora y la crisis: ¿Por qué no tenemos proyecto cultural?

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El 73 % del Producto Interno Bruto estatal se integra por el 15 % de la minería, el 23 % de los servicios, 15 % del comercio y 20 % de la industria manufacturera. El resto lo completan el transporte (4 %), el gobierno (3 %), la agricultura y la pesca (7 %), la construcción (9 %) y energía y agua (2 %). La industria cultural no aparece por ningún lado; a lo más, aparece el concepto de información en medios masivos, con un 2 %.

En PIB per cápita en Sonora ocupa el lugar número nueve en lo nacional, con 133,590.9 pesos de ingreso anual por persona; es decir cerca de los 12 mil pesos mensuales. No está mal, pero el ingreso esta muy concentrado.

¿Y la cultura? No hay registro ni un sistema creíble de medición de los principales indicadores culturales de Sonora, salvo lo que se refiere a libros leídos por persona al año, que son dos. Falta saber sobre el número de bibliotecas equipadas al servicio de la gente

En el llamado índice de competitividad, el estado ocupa el lugar 15 en lo nacional, pero no contempla factores culturales. También dice que Sonora cuenta con 9.42 años de escolaridad por habitante y que la población analfabeta alcanza el 3 %. Que el 96 % de los hogares cuenta con acceso a la televisión, el 46 % con Internet y el 55 % de las casas en el estado cuenta con una computadora. 810 mil personas tienen acceso a cuando menos un teléfono móvil y el 88.9 % de los hogares cuentan con servicio telefónico fijo.Tampoco está mal. Pero…¿Y la Cultura?

Por los indicadores, todo hace suponer que la cultura nunca ha sido prioridad de los sectores público, privado y social de Sonora; y no es gratuito. En el fondo ha predominado la idea de que la cultura no deja nada. Un criterio totalmente estrecho, equivocado y desviado. Según esto, no deja ni utilidades ni informes triunfalistas y tradicionalmente no se ha entendido a cabalidad la verdadera función de la cultura en la sociedad. La actividad cultural, dicen algunos, no debe ser asunto de los gobiernos sino de los creadores, de la gente independiente y del medio intelectual. Puede ser, pero en el fondo eso revela una lógica de mercado: Entonces, ¿quién ve por el resto de la población que aspira a mejores servicios culturales?

¿Que vieron en su momento los fundadores de la Universidad de Sonora?

¿Que vio el gobierno estatal cuando diseñó una política editorial que rescató del olvido y volvió a editar obras históricas regionales, que sin ese esfuerzo se hubieran perdido?. Hay que rescatar esos esfuerzos.

En los gobiernos municipales tampoco le va bien a la cultura. La mayoría de los presidentes municipales -en forma recurrente- se quejan de que “no hay dinero”. Todo el año es una recurrente queja y las peores crisis se presentan hacia finales de cada año, cuando a la mayoría se les ve haciendo largas filas en las oficinas estatales buscando apoyos para pagar los aguinaldos. ¿Y la cultura? No se encuentra entre sus prioridades, a lo más que llegan es a cortar listones o asistir a inauguraciones.

¿Y en el sector privado? Las fundaciones del sector privado se han orientado más a la filantropía y al asistencialismo -que no es criticable- hacia grupos vulnerables  que a la promoción o la difusión de la cultura. Operan en Sonora más de 120 fundaciones, unas muy serias, otras no tanto, pero por desgracia, la mayoría despunta solo en tiempos políticos. Ninguna de las que operan, por lo que se ve, tiene entre sus prioridades a la cultura.

¿Y las Universidades? En las casas de educación superior como la Unison y el Itson las cosas no andan mejor. Los rectores se quejan durante el año de que los recursos económicos o no les alcanzan o no se los entregan completos, y en el fondo su preocupación van más encaminada a cumplir con las negociaciones laborales anuales,que impulsar la difusión de la cultura; Lo lamentable del tema es que 90 % de sus presupuestos, las casas de educación superior los dedican al cumplimiento de las obligaciones salariales y prestaciones. ¿Qué queda para la cultura? Casi Nada.

Cuando se le cuestiona a los funcionarios municipales acerca de las causas por las que los edificios históricos de su ciudad se encuentran olvidados, semidestruidos o en ruinas, con daños en algunos casos irreversibles, lo único que alcanzan a contestar es “no hay dinero para las reparaciones”, que “no es asunto de ellos sino que le corresponde al INAH” y que el poco recurso disponible se destina a otras prioridades más útiles y de rendimiento político para el ayuntamiento. ¿Cómo gastar en edificios viejos cuando la prioridades son otras? ¡Faltaba más!

Cuando hacemos referencia a  la carencia de librerías de buen nivel y que la oferta de libros en venta a los sonorenses se reduce a cinco librerías: Libros y Más, Sanborns, Unison, Noroeste,y  Amado Nervo, para casi tres millones de habitantes, lo único que se alcanza a razonar es que en Sonora no existe una clientela consolidada que motive la apertura de nuevas librerías, con lo que se cae en el círculo vicioso de: “No hay librerías porque no hay suficientes lectores, y no hay lectores porque se carece de suficientes librerías”. ¿Quién tiene la respuesta adecuada? Lectores sí hay.

La expansión de los servicios educativos a todos los niveles, la urbanización y el incremento en la esperanza de vida entre los sonorenses, ha multiplicado a los demandantes de cultura  y han influido en el hábito de la lectura. El crecimiento sin embargo de la oferta de librerías en el estado va en sentido inverso a un sector de la población, que demanda mayores servicios. Y lo peor, es que no se ven nuevas iniciativas.

¿Qué pasó con los Carnavales pueblerinos como fiestas culturales de los pueblos? Es una pregunta donde quienes conocieron y organizaron esos famosos festivales populares, a la hora de abordar el tema son más radicales: Los pocos carnavales que se celebran en algunos municipios, han caído en el vicio, y se han transformado en grandes borracheras sin control. Antes, en los carnavales había juegos florales, concursos culturales, revelaciones musicales,competencias de carros alegóricos, con una participación social amplia. Servían para la diversión y el fomento de eventos culturales y el esparcimiento de la gente. Ahora ni eso.

En Sonora seguido vemos que se premia al emprendedor que crea negocios, pero no se reconoce al poeta, al pintor, al músico o al escritor que en forma aislada y con sus propios recursos desarrolla su obra.¿Quien los detecta?

Hay premios estatales de filantropía y del deporte, pero no se premia a quienes le apuestan a la cultura a través de un trabajo callado, firme, austero y casi siempre a la “última pregunta”, en materia de recursos económicos.

Ahí está por ejemplo, la Sociedad Sonorense de Historia, y sus repetidoras en algunos municipios, organizando periódicamente eventos culturales o conmemorativos, o presentaciones de libros y conferencias,siempre batallando para acabalar hasta para lo elemental.

¿Qué decir de los proyectos impulsados por Irma Arana (promotora cultural) y Mara Romero (promotora de teatro popular en camiones y en penales), ambas de Cajeme, creyentes en la cultura como medio para sensibilizar a la población luchando en cada uno de sus eventos y pagándolos de su propio peculio? ¿O de José Luis Islas, que al tiempo que dirige el Museo Ferrocarrilero de Empalme también está a cargo de la Casa Álvaro Obregón de Cajeme, siempre en la batalla por recursos para la promoción de sus eventos?. Igual sucede con el museo Álvaro Obregón de Huatabampo.

O el caso de Antonio Estrada que, históricamente con más ánimo que recursos, durante 31 años ha librado batallas importantes para mantener el museo costumbrista de Álamos, uno de los últimos esfuerzo serios del gobierno por recuperar la memoria histórica de una parte de Sonora.

¿En que quedaría el fenomenal esfuerzo del desaparecido Leonardo Valdez y su casa museo en Etchojoa, que durante 30 años coleccionó todo tipo de objetos (ropa,máscaras,muebles,enseres) de la tradición cultural Mayo? ¿Y el músico creador urbano e indigenista Ramón Hinostroza, que con sus propios recursos financia la grabación de sus discos con auténticas joyas que rescatan la música regional?¿Y los esfuerzos de quienes danzan,hacen teatro y tocan en las calles y donde se puede?¿Y los programas culturales de Magaly Romano en televisión, siempre aleccionadores y útiles?¿Y la  tarea editorial de Carlos Moncada siempre a la vanguardia?

O el grupo cultural “Bacerán”, de Huatabampo, liderado por Jorge Guevara, que con más ánimo que recursos desarrolla una gran labor histórica, poética y literaria en el municipio? ¿O el de los promotores entusiastas del ITSON en Navojoa, que con grandes esfuerzos desarrollan su labor cultural?

¿O el caso del pintor de la comunidad mayo Gilberto Buitimea que utiliza en su obra tintes naturales y está construyendo su propio adobe para hacer un museo y enseñar a pintar a los jóvenes en rescate de la lengua mayo?

Estos son algunos de los muchos ejemplos de que la actividad cultural en Sonora -limitada si se quiere- también existe, con independencia de la promoción o la acción oficial que desmienten el falso dilema en que en ocasiones caemos: ¿Ideas o Dinero? Hay ideas,existen proyectos y muchas formas de creación artesanal y digital etc. que no se tienen catalogadas y entre importantes segmentos de la población existe una fuerte demanda de oferta cultural, pero solo se ofrecen conferencias de autoayuda,una pésima programación musical en radio,adicción a los casinos, comedias de mala calidad con personajes de telenovelas, auditorios exclusivos para graduaciones y eventos políticos, y bibliotecas mal amuebladas, mal equipadas y peor actualizadas.

Nuestra cuestión mas urgente en Sonora es: Como encajamos la cultura en un orden local y nacional cada vez más complejo y como la conectamos con los avances experimentados por la entidad en lo económico y en lo social. Ahí está nuestra crisis y ahí esta la falta de un verdadero proyecto cultural para el Estado. Hay que hacerlo. En lo federal ya existe una nueva Secretaría de Cultura. Aprovechémosla. El nuevo gobierno tiene la oportunidad de replantear a fondo lo que por años ha sido su principal  carencia: Un verdadero proyecto cultural en sintonía con los avances y la modernización de Sonora en todos los órdenes que fomente la creatividad, los accesos y los apoyos a quienes trabajan por convicción y vocación por la creación de un mejora ambiente cultural, y que sin esperar nada,llevan la cultura a las regiones. Estamos a tiempo.

bulmarop@gmail.com