La revolución a 105 años: ¿Qué queda?

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Por Bulmaro Pacheco:

Primero fue don Luis Cabrera, carrancista de origen y revolucionario de verdad, quien en 1931 levantó polémica con sus afirmaciones acerca de que: “La Revolución no ha resuelto ninguno de los problemas políticos del país”, y atizó: “Y no podrá resolverlos mientras esos problemas se estudien con hipocresía, hablando para la galería y pensando en la manera de conseguir una colocación o de obtener una curul, o de escalar un puesto”.

Tronó contra la reelección de Obregón: “El principio de la No reelección que no es un principio, sino un propósito de renovación que nos obligaría a educar constantemente nuevos hombres para el Gobierno, parecía conquistado definitivamente; nadie lo impugnaba, había sido inscrito en nuestra Constitución y Carranza mismo fue sacrificado por él. Más tarde fue borrado a toda prisa por razones de conveniencia política. Y ahora que esas razones ya no existen, ¿por qué no lo restablecen?”, se preguntaba.

En 1947, Daniel Cosío Villegas, fundador de El Colegio de México, en su texto La crisis de México fue más allá: “México viene padeciendo hace algunos años una crisis que se agrava día con día; pero, como en los casos de enfermedad mortal, nadie de la familia habla del asunto, o lo hace con un optimismo trágicamente irreal. La crisis proviene de que las metas de la Revolución se ha agotado, al grado de que el término mismo de revolución carece ya de sentido. Y, como de costumbre, los grupos políticos oficiales, continúan obrando guiados por los fines más inmediatos, sin que a nadie parezca importarle el destino lejano del país”.

Cabrera remataba: “En suma y para terminar, repito que la resolución de nuestros problemas políticos requiere valor civil, honradez y patriotismo de que desgraciadamente andamos muy escasos los mexicanos” […] “Los problemas políticos no pueden resolverse en la forma democrática pura mientras subsistan nuestras desigualdades social y económica”. A su juicio: “Madero no alcanzó a ver los problemas sociales y económicos por estar contemplando los problemas democráticos. Era un soñador” […] “Madero el vidente murió por no haber visto hacia abajo, por no haber fijado su atención en los hombres y en la tierra” […] “¿Madero el iluso, el teorizante, se equivocó? ¿O con la pureza de su corazón y la sencillez de su espíritu vio más allá que nosotros?”.

“Carranza fijó su atención en las reformas sociales y económicas de México y de su historia” […] “Carranza, el prudente, murió por no haber visto hacia arriba”. Y Concluye: “Como quiera que sea nosotros tenemos el deber de continuar y llevar a cabo la tarea que se impusieron uno y otro, aprovechando la lección de sus errores y de su sacrificio: Que no puede haber libertad política sin igualdad Económica y social; pero que tampoco puede haber bienestar económico y social sin libertades”.

Reafirma Cosío Villegas: “Porqué y cuando se agotó el programa de la Revolución Mexicana es un capítulo bien doloroso de nuestra historia; pues no solo el país ha perdido su impulso motor sin lograr hasta ahora sustituirlo, sino que éste fracaso es una de las pruebas más claras a que se ha sometido el indudable genio creador del mexicano… y las conclusiones por desgracia, no pueden ser más desalentadoras”.

Y remacha: “¿Qué remedio puede tener entonces la crisis de México? Se dijo desde un principio que era grave. Por una parte, la causa de la Revolución ha dejado ya de inspirar la fe que toda carta de navegación da para mantener en su puesto al piloto; a eso debe añadirse que los hombres de la Revolución han agotado su autoridad moral y política. Por otra parte, no es claro el fundamento en que podría fincarse la esperanza de que la redención venga de las derechas, por los intereses que representan, por su espíritu antipopular y su impreparación”.

En 1957 aparece la obra Historia de la Revolución mexicana: Orígenes y resultados escrita por Jorge Vera Estañol, ex ministro de Díaz y de Victoriano Huerta, desterrado de México entre 1914 y 1931. Stanley R. Ross de la Universidad de Texas y coordinador de la obra ¿Ha muerto la Revolución mexicana? Balance y epílogo, lo considera como un punto de vista conservador. Dice Vera Estañol: “No lea esta obra quien en ella busque propaganda de partido o facción. No es porfirista, ni maderista, ni huertista, ni villista, ni carrancista, ni tantos otros istas personales en que la lucha dividió a la familia mexicana; es pura y simplemente mexicanista; escruta hechos, los generaliza, infiere conclusiones y pretende alcanzar la conciencia de todos los hombres honrados y patriotas, cualquiera que sea el bando en que hayan figurado o figuren; llega hasta rectificar mis apreciaciones propias expuestas en otros escritos donde quiera que los hechos y la experiencia de los años lo han requerido”. “Lo que México reclama y necesita por ahora, es el gobierno del pueblo, para el pueblo y por la porción civilizada del pueblo sobre la base de la homogeneidad demográfica, causa y origen del amor consciente de los hijos para la patria, y de su espíritu de fraternal solidaridad hacia la obra común”.

Macario Schetinno en el 2007 (Cien años de Confusión: México en el Siglo XX) va más allá, dice: “El siglo XX en México es el siglo de la Revolución Mexicana. Pero ésta es “un concepto, no un hecho histórico”. La Revolución que marca el siglo en nuestro país ¡nunca existió!(sic) La Revolución Mexicana sobre la que se funda el régimen político que gobernó el país desde 1938 y por casi 50 años, y que sigue muy dentro del alma de los mexicanos, es una construcción cultural que sin duda toma los hechos históricos y les da un sentido, pero que no se corresponde con ellos”.

“El milagro económico de la posguerra, que también anida en la mente del mexicano, simplemente nunca existió”. Al paso de los años los mexicanos viven un poco mejor, porque todo el planeta vive un poco mejor a fines del siglo XX, pero solo por eso. Las afirmaciones que he hecho en los párrafos previos son, no lo dudo muy fuertes. No serán fáciles de aceptar para una gran cantidad de mexicanos. estoy convencido sin embargo, de que es necesario discutir la Revolución y su régimen profundamente. Lo es no solo como curiosidad histórica, sino porque lo que hoy ocurre en México tiene sus raíces en ese pasado que se niega a morir”.

En 1972, Jesús Reyes Heroles definía: “El más peligroso de los grupos en mi concepto, es el poderoso que quiere una Revolución domesticada a su servicio. Por eso tenemos que cuidarnos de aquellos que sinuosamente estorban o torpedean desde dentro el proceso revolucionario. Son mucho más peligrosos y menos respetables que quienes de frente y a la luz del día expresan sus diferencias ideológicas” […] “Conscientes de que vivimos en una sociedad en transición, aspiramos a reformas no reformistas; aspiramos y lucharemos por reformas revolucionarias. Ciertamente que no nos gustan muchas de las partes de la imagen de México, pero no vamos a cambiar el espejo, sino la imagen, Reformas efectivas, no efectistas; Cambios sí, pero no como proponen algunos: Cambien todo, menos aquello que me puede afectar”.

Los anteriores han sido los críticos que más polvareda han levantado en sus observaciones sobre la Revolución Mexicana. ¿Qué tenemos ahora?

Un México enfrascado en la lucha por más cambios. Una Constitución Política próxima a cumplir 100 años, a diferencia de la de 1824 que solo duró 33 y la de 1857 que resistió 60. Grupos de opinión demandando una nueva Constitución.100 millones más de mexicanos que en 1910 y el problema del relevo del poder en todas las instancias resuelto a través de sucesivas reformas que han evitado el conflicto político y post electoral sobre todo a partir de la creación del IFE (INE) y el TEPJF.

El gran dilema del relevo del Poder en México le costó al país sangre y años enteros de turbulencias y falta de rumbo. Un presidente (Díaz) en el exilio en 1911. Un presidente (Madero) asesinado en 1913 y un golpe de Estado (Huerta) que duró 18 meses. Otro presidente asesinado en 1920 y una rebelión desde dentro del grupo en el Poder (De la Huerta) en 1923. Asesinatos de revolucionarios como Zapata (1919) y Villa (1923), pasando por Diéguez, Alvarado y Soto y Gama, entre otros. Una rebelión sangrienta contra la reelección de Obregón que costó vidas, entre otros de Francisco Serrano y Arnulfo R. Gómez en 1927, y el asesinato del presidente electo Álvaro Obregón en julio de 1928. Un Maximato político que dio lugar a tres presidentes en seis años y a una ruptura política de graves consecuencias que nunca se resolvió entre Lázaro Cárdenas y Plutarco Elías Calles. Tensiones en los procesos de relevo presidencial en 1939, 1946, 1952, y 1958 hasta que le llegaron a México las reformas (entre 1977 y 1996) que le dieron cauce a su desarrollo político

Sostiene Reyes Heroles: “que las reformas no fueron tardías, y que si algo tuvieron fue oportunidad. ¿Pero quien podía calcular lo que el futuro guardaba? ¿Quien podía prever la multiplicación de los grupos de interés y de presión, el desbordamiento de los cauces legales y la politización extra partidos o fuera de los partidos que en la sociedad mexicana se han presentado en los últimos años? Se ha dicho que los profetas solo aciertan cuando se ocupan del pasado”.

Los cambios, con los años derivaron de un presidencialismo fuerte, a uno acotado por los poderes Judicial y Legislativo, los gobernadores, los partidos políticos los medios de comunicación y el poder económico.

El Poder Legislativo,más fuerte desde 1997 y el Poder Judicial, fortalecido en su independencia a partir de las reformas de 1994.

La Revolución mexicana existió y en muchos sentidos cambió a México pero ya no podemos cargarle todo a ese gran movimiento social ni atenernos a principios y proclamas que fueron vigentes en su tiempo. La Revolución ya se agotó en el discurso político. Ahí quedó para la historia.

A 105 años de distancia -y no es por culpa de la Revolución- México enfrenta dos problemas graves todavía no resueltos: El de la carencia de un verdadero estado de Derecho que combata la impunidad, y la enorme desigualdad social que afecta a millones de mexicanos con impacto directo en el desarrollo económico y social del país.

¿Qué sigue y qué queda? Replantear el rumbo de México, como lo hicieron los mexicanos que en los momentos históricos decisivos, -aquellos,con menos herramientas y muchas más dificultades- pero con mayores dosis de valor civil, honradez y patriotismo (Cabrera), y un arrojo fuera de serie supieron estar a la altura de su tiempo… Nada más.

bulmarop@gmail.com