Transparencia, el blindaje de los recursos públicos

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Como ya sabrán Ustedes los tres grandes temas que ya están en todos los foros de comunicación se encuentran los de transparencia, rendición de cuentas e impunidad. Estos tres conceptos efectivamente son formas de cultura democrática y será muy difícil que realmente tomen sus facultades totales; sin embargo la ciudadanía se encarga de empujarlos, los medios de comunicación y los organismos no gubernamentales. Tan es así que los gobiernos ya están adoptando las exigencias democráticas por la dimensión de las exigencias de quienes propician en mucho los cambios políticos, los ciudadanos.


Hablemos de transparencia en primer lugar y para hablar de ello busquemos su referencia de fondo, los recursos públicos. Para medir el grado de desarrollo racional que tiene un gobierno hay que detectar el índice de transparencia que tiene en sus procesos ejecutivos. Si ese gobierno introduce en la ruta de los recursos públicos, de las tomas de decisiones, el ingrediente de la transparencia, entonces habrá demostrado su calidad de gobierno.
Porque ser transparente está en relación directa con una actitud ética y sólo los gobiernos que se atreven a asumir una ética, un código de ética, pueden, deben y tienen que ser transparentes. Ese es un vínculo de respeto con los gobernados, con los ciudadanos. Asumir esa responsabilidad, el ser transparente, considera a los recursos públicos como una propiedad social, nunca como una propiedad del gobierno en turno.
Aún estamos inmersos en una conducta negativa respecto al respeto a los recursos públicos. Aunque poco a poco se coloca en la estructura de gobierno mecanismos de rendición de cuentas y de transparencia, aún falta mucho para lograr administraciones de vidrio, administraciones en donde los ciudadanos puedan ver la totalidad de los actos de gobierno.
En ello tiene mucho que ver también el grado de participación ciudadana y el infaltable y necesario papel que tienen los medios de comunicación responsables. Si la ciudadanía afloja en su presión, entonces la transparencia declina. Por eso un gobierno que se precie de ser transparente, necesariamente tiene que incluir la mirada y la lupa ciudadana en sus procesos, nunca se podrá autoasumir de transparente, esa calificación la da la ciudadanía, los órganos externos al aparato de gobierno o las entidades que se dedican a evaluar los sistemas administrativos.
Como suscribe una nota periodística que alude a un estudio de la empresa A Regional, del once de junio de este año. “Pese a un avance general de las entidades en el Índice de Transparencia y Disponibilidad de la Información Fiscal de las Entidades Federativas 2015, Morelos, Tlaxcala, Sonora y Guerrero siguen reportando índices bajos en esta materia.
De un total de 100 su puntuación fue de 25.5, 27.33, 47.1 y 56.39 respectivamente. Esto se debe a que estas entidades presentan información incompleta, sin series históricas en algunos casos y en otros sin actualización de documentos que registren el manejo y seguimiento de los recursos públicos. Tienen portales abandonados.”
En Sonora debemos conseguirnos el permiso de exigir transparencia. Ya el mandato ciudadano se ha expresado y ese mandato quiere conocer lo que es el respeto irrestricto a los recursos públicos. Debemos conseguir la condición de dar ejemplo y dejar esos avergonzantes últimos lugares, está en nuestras manos.
No podemos dejar una responsabilidad y obligación en el órgano secundario de un gobierno y seguir dejando a los gobernados sin en el camino del ejemplo y de valores que son sinónimos en la vida de un pueblo, que es la transparencia y rendición de cuentas.

“La transparencia de un gobierno, el mejor eslabón con el pueblo ” Octavio Almada
@octavioalmada1