Los disidentes

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Bulmaro Pacheco

Primero fue Manuel Espino Barrientos el que recibió las peores andanadas del presidente Felipe Calderón para expulsarlo de las filas del PAN.

En Sonora, Espino tuvo muy poca defensa, a pesar del intenso reclutamiento de cuadros para el PAN realizado a finales de la década de los noventa. Al final, la mayoría de quienes se decían sus amigos y aliados se le hicieron para atrás. En la entidad concluyó su procesó y aquí se le sentenció.

Espino, expresidente nacional del PAN, un hombre político polémico, excéntrico, rebelde y crítico de su partido, fue expulsado del PAN por un ridículo pretexto: “excesos de libertad de expresión” (sic). Algo insólito en un partido caracterizado históricamente por la defensa de las libertades ciudadanas, entre ellas la de expresión.

Espino siguió la tradición de personajes como Jesús González Schmall, José González Torres,Adalberto Rosas y Pablo Emilio Madero, entre otros, que en determinadas etapas de la historia del PAN mostraron diferencias graves con las líneas de acción política de los dirigentes de su partido, y se fueron sin necesidad de que los expulsaran.

Algo pasó entre él y Calderón que no se entendieron, a pesar de que Espino dirigía el PAN en el triunfo de éste en 2006. Diferencias de estilos políticos, conflictos soterrados o simplemente no hicieron química, sin descartar que a Espino posiblemente le haya afectado su cercanía con Vicente Fox y Martha Sahagún, de quienes Calderón nada quería saber.

Espino decidió correr suerte con el proyecto de otro partido “Volver a Empezar”, y en días recientes ha anunciado cercanía y alianza con Dante Delgado del partido Movimiento Ciudadano.

Ahora ha sido el turno de la ex alcaldesa de Hermosillo Dolores del Río la que en días recientes presentara su renuncia al PAN: “Renunciar a 17 años de militancia es doloroso, sigo coincidiendo con los principios que le dieron origen a este partido, me llevo en el corazón muchos cariños de militantes buenos, congruentes y esforzados, pero hoy no puedo coincidir con las prácticas de quienes controlan las decisiones”.

¿Cuáles son esas “prácticas de quienes controlan las decisiones” según la ex coordinadora de campaña de Josefina Vásquez Mota?

En primer lugar, su desacuerdo fundamental debe ser con el gobernador Guillermo Padrés, quien prácticamente controla las principales decisiones en el PAN de Sonora. Nadie más le discute ni le objeta.

También contra Javier Gándara Magaña, el virtual candidato del PAN al gobierno estatal, ungido como tal desde noviembre del 2012 por el gobernador sin abrir la competencia y forzando la unidad ficticia.

Y desde luego también contra el alcalde de la capital Alejandro López Caballero, quien ha consentido que el próximo candidato del PAN a relevarlo en la alcaldía sea el diputado Damián Zepeda, excluyendo de cualquier posibilidad de competencia a la ex diputada local.

A Dolores no le falta razón: Durante muchos años el PAN criticó las imposiciones en el PRI, alegando para sí democracia interna y política ciudadana. Todavía no llegaban al poder. Ahora en carne propia y en su propio partido resisten la cruda realidad de lo que con tanta intensidad criticaban: la imposición de candidaturas.

Por décadas los panistas fueron los primeros en señalar y denunciar la corrupción del PRI en el gobierno. Ahora callan y aceptan con mansedumbre y complicidad la abundante corrupción detectada al gobierno de la alternancia. Algunos hasta la aplauden. La mayoría está enterada del reparto y sus implicaciones, pero saben que rebelarse contra eso sería un suicidio político y por eso callan.

Señalaban acremente lo que por años llamaron “partido oficial” y “partido de Estado” y ahora no saben cómo despegar al gobierno del partido y concentran las decisiones en el gobernante en turno, arrastrando con eso los problemas y el desgaste de las políticas de gobierno reflejadas en la imagen del partido. Lo de partido oficial ahora les golpea a ellos.

Han sido muchos los agravios y Dolores ha ejercido su libertad en defensa de su dignidad. Para muchos, al renunciar a su militancia en el PAN le ha dado gusto a sus detractores de adentro, porque el PAN es un partido que seguramente sobrevivirá en el tiempo a las pifias del grupo que transitoriamente lo controla. Sin embargo, ella tuvo sus razones.

Dolores seguramente no olvida lo que le hicieron cuando trató de competir por la candidatura a gobernador en el proceso interno panista del 2009, cuando los aspirantes eran ella, Guillermo Padrés y Florencio Díaz.

Tampoco resultan fácil de olvidarse las humillaciones vividas en su estado en su calidad de coordinadora de campaña de Josefina Vásquez Mota en la interna presidencial, cuando tanto a ella como a su candidata le hicieran un gran vacío, dejándola prácticamente sola en el evento formal de la pre candidatura porque el gobierno estatal completo la estaba jugando con Ernesto Cordero, el delfín de Felipe Calderón.

¿Qué decir del contratiempo sufrido por Dolores cuando la quitaron del lugar que ocupaba como candidata a senadora de lista ¡asignándola por Chiapas!, mandándola del lugar número 11 al 12 para ubicar en su lugar a Héctor Larios, quien entró al Senado precisamente como el último de la lista? Seguramente ahí empezó a resentir en carne propia la exclusión de que era objeto, sin explicarse a fondo ni las razones ni los motivos. Vio por ejemplo, como el presidente Calderón incluía en los primeros lugares a su hermana Luisa María y hacía a un lado a la gente de Josefina Vásquez Mota por privilegiar a sus cercanos como Mariana Gómez y Roberto Gil entre otros.

Dolores terminó por hartarse y seguramente sintió que su ciclo en el PAN terminaba después de 17 años: “En 1997 me acerqué al PAN como ciudadana a participar en la campaña de Enrique Salgado, descubrí entonces que los principios y doctrina que dio origen a este partido coincidían con los principios y valores en los que creo. Terminada esa campaña decidí afiliarme porque vi en el PAN un instrumento para la democratización del país”.

La ex directora nacional del INEA no ha sido la única desencantada. A principios del sexenio panista renunció a su cargo en el gobierno estatal -y no al PAN- quien fuera el primer diputado de mayoría relativa ganado por el PAN en Sonora en 1979, Carlos Amaya Rivera. Amaya renunció al gobierno porque -contra su voluntad- lo quisieron obligar a firmar desplegados en contra de los cajemenses por el problema del acueducto. Con toda dignidad y decoro dio las gracias y se retiró a la vida privada. Desde ahí ha seguido librando luchas importantes a favor de su gente sin renunciar a su partido.

Otro disidente importante del sur que ha sido atacado por el gobierno, el ex senador, diputado local y federal Javier Castelo Parada, no comparte ni los estilos ni las proclamas del grupo en el poder, y en la solidaridad que ha mantenido con los que luchan contra el acueducto Independencia. Tanto él como Amaya y Rosas desmienten en los hechos la machacona tesis oficial de que la lucha por el agua es del “PRI” y los “caciques del sur” (sic).

Recientemente el ex cónsul en Los Ángeles David Figueroa ha declarado que su partido está secuestrado por el gobierno estatal… y no le falta razón. Como un quijote solitario, el ex alcalde de Agua Prieta ha librado adversidades en su lucha política contra las decisiones de una sola persona en materia de candidaturas y su esfuerzo ha prendido en una parte considerable del panismo militante.

David exigió desde un principio el piso parejo para la competencia y no fue escuchado. Al contrario, ha sido bloqueado, ninguneado e ignorado por la arrogancia de los rudos del gobierno, que desde un principio lo han visto como non grato a los intereses del grupo en el poder.

Oscar Ochoa Patrón, un militante distinguido del PAN que le abrió caminos y afilió al partido a una parte importante de los que hoy detentan el poder, también luce desencantado y ya no participa. Fue retirado de la titularidad de la SEC a principios del 2011 sin mayores explicaciones.

¿Qué tanto dañarán al PAN estas disidencias de cara a la elección de junio del próximo año? No lo sabemos a ciencia cierta en el número de votos, pero sí en el daño político que desmiente la imagen de unidad que ha tratado de construir el gobierno estatal a través del PAN.

También muestra el flanco débil del PAN y el gobierno estatal en su ineficiente operación política que ha sido la marca del sexenio: Exclusión, autoritarismo,golpeteo,compra de voluntades y liderazgos.

Manda también la señal de que el grupo en el poder no quiere irse y hace todo lo posible por quedarse al costo que sea, incluso el de pasar por encima de sus propios militantes distinguidos.

Las disidencias, los presupuestos estatales forzados y las alianzas fallidas con el PRD no solo muestran una ineficaz operación política. También ponen de manifiesto la grave descomposición del PAN en Sonora. Les quedó chico el sexenio y les quedaron grandes los retos de Sonora.

Dice Germán Martínez Cázarez: “EL PAN-Gobierno vive hoy una triste realidad después de un festín de subsidios, ayudas, despensas, regalos al ciudadano y un largo etcétera de gasto legal pero no liberador. La “acción nacional” que el PAN le propuso a muchos mexicanos fue “estirar la mano” al gobierno. Luego entonces mandan en el partido aquellos dirigentes que “bajan recursos” de los distintos gobiernos y los distribuyen para cebar clientelas de ocasión electoral. El partido del “primado de la política” es ahora el partido del “primado de la despensa”. Y esa dádiva gubernamental panista, ese “parasitismo electoral” traicionó la más cara de sus divisas: La libertad, como única herramienta que tiene la persona para alcanzar su dignidad.

“Justamente por no tener claro el ejercicio de defender la libertad de muchos ciudadanos frente a los gobiernos justicieros, el PAN perdió atractivo con los jóvenes y cedió el terreno de la clase media. Incluso el temor a la agenda liberal orilló al PAN a abrazar las coaliciones electorales con sus adversarios ideológicos. La acción de libertad ignorada por espejismos electorales”.

Esa libertad, como herramienta “para alcanzar la dignidad” que señala Martínez Cázarez es la que ha ejercido Dolores del Río y los disidentes del PAN que no están de acuerdo con lo que sucede en el PAN de Sonora y la forma cómo se conduce el gobierno que ayudaron a construir y que quiere repetir en 2015. Es de sabios rectificar y lo hacen a tiempo…cuando la lotería sexenal excluyente y dispareja todavía no termina. Más claro ni el agua.

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